Ocampo se jubila a los 70 años, tras haber pasado más de media vida de trabajo como técnico de la Dirección General de Tráfico (DGT)
18 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.El próximo viernes, día 24, dirá adiós a 45 años de carrera, la mayoría de ellos al frente de jefaturas provinciales de Tráfico, primero en Guipúzcoa, y desde 1979 en A Coruña: «Soy jefe provincial desde 1970, y el que más tiempo lleva en ese cargo de toda España». Gonzalo Ocampo Suárez-Valdés gozó de la confianza de los distintos responsables del tráfico desde que ocupó la primera jefatura. -¿Cómo se logra eso? -Con trabajo, y con un concepto claro de lealtad y de fidelidad a tus principios de actuación profesional. Y, en cierto modo, porque he realizado un trabajo que siempre me ha gustado. -¿Qué ha cambiado en el tráfico desde 1970? -Se ha hecho más complejo. No hay paralelismo entre la progresión de la capacidad de las carreteras y el aumento de vehículos y conductores. Por lo demás, el factor humano sigue siendo la clave del tráfico, que depende, en gran medida, del comportamiento de los conductores. -La seguridad vial ha pasado a un primer plano para la Dirección General de Tráfico. -La DGT ha evolucionado en sus principios de funcionamiento, porque el aumento de accidentes despierta más sensibilidad en la sociedad. Tráfico, por vocación o presión social, centra cada vez más su trabajo en la seguridad vial. -¿Somos distintos cuando subimos al coche? -El coche nos transforma. Demasiadas veces lo utilizamos para desterrar complejos o hacer exhibiciones de superioridad. -¿El gallego es buen conductor? -Creo que, en general, sí. Está acostumbrado a reaccionar ante situaciones difíciles e inesperadas, por la orografía, la meteorología, la dispersión de los núcleos de población... -¿Son los jóvenes lo peor de la carretera? -No. Tienen mucho sentido de la generosidad, de la solidaridad. -¿Entonces, por qué se matan? -Porque están ahí los fines de semana, influidos por el fácil acceso a un coche potente, por las tolerancias familiares, la posibilidad de ir en pocas horas a veinte lugares distintos. Al joven no se le para fácilmente, es todo vitalidad. Y hay fines de semana que son un martirio para la conciencia. -¿Le han quedado cosas por hacer? -Tengo la sensación de haber hecho cosas, pero irremediablemente he dejado otras por hacer.