Crónica | Caos en el «gran Barajas» Volar desde Madrid se ha convertido estos días en una pesadilla para centenares de pasajeros de Iberia, que han sufrido cambios sorpresa y horas de espera en la terminal
17 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.«Nos quedamos en esta puerta y que nos traigan aquí el avión», decía una pasajera del vuelo 518 de Iberia, que ayer llegó al aeropuerto de Alvedro, procedente de Madrid, con más de tres horas de retraso. Y es que volar desde la mastodónticamente hermosa T4 es, las más de las veces, abonarse al sufrimiento. De muestra, un botón: el viaje de ayer con Iberia desde la capital hasta A Coruña. Hora estimada de despegue, las 8.45, hora prevista de llegada, unos 60 minutos después. Perfecto..., en teoría. El problema es que, llevado a la práctica, el viaje se convirtió en un recorrido de pesadilla, arrastrando equipajes de puerta en puerta de embarque de la T4 durante más de tres horas. Todo comienza cuando, como pasajeros previsores y, ante los reiterados avisos de que las especiales características de la nueva terminal de Barajas (con dimensiones kilométricas) hacían necesario ampliar la anticipación con la que facturar y conseguir la tarjeta de embarque, varias decenas de viajeros del vuelo 518 de Iberia comenzaron a llegar pasadas las 6.30 horas. Lo que aún no sabían era que el madrugón no sería lo peor del día. Al filo de las 7, las pantallas informativas señalaban la K69 como puerta de embarque del vuelo, y las 8.15 y las 8.25 como límites horarios para hacer efectivo el citado embarque. Hasta ahí, normal. El primer problema surge cuando, después de caminar durante más de quince minutos hasta llegar a la K69, el monitor sobre la puerta sustituye A Coruña por el logotipo de AENA. Será el primero de los cambios que obligaron a los abnegados pasajeros a peregrinar por siete puertas de embarque: la J40, la K91, la H1, la K82 y la J62 hasta la definitiva K87, muy próxima a la designada inicialmente. Entre el cambio de la K91 por la H1, a las 8.30, las pantallas informativas se quedaron mudas: no había puerta alguna asignada. Lo más desasosegante para los viajeros que se entrenaban en la T4, a la fuerza, para el maratón era comprobar que el mutismo de los paneles, ante los que se apiñaban como si fueran oráculos, lo reproducían en la oficina de atención al cliente de Iberia. «Nosotros no cambiamos las puertas, es AENA», repetían. Pero no había respuesta sobre el motivo, ni tampoco hora aproximada para el final del suplicio... Nada, salvo más trasiego de norte a sur, del rojo al azul y a la inversa, bajo el espectacular esqueleto metálico que sostiene el techo de bambú de la terminal. «Ahora que estábamos a punto de llegar a la meta..., otra vez para atrás», comentaba otro pasajero a escasos metros de la J62, penúltima puerta de embarque del día. Entre el pasaje, tres tunos de la Universidad San Pablo-CEU, que viajaban a tierras gallegas para «cantarle a una chica que se casa con uno de nosotros», según explicaba maese Pocholo, uno de ellos. A las 10.30 los paneles informativos de salidas arrojaban un balance poco alentador: 12 vuelos tenían cambio de puerta, entre ellos Amsterdam, Fráncfort y Sevilla, además de A Coruña; 8 tenían retraso, como Estrasburgo, Londres, Atenas o Barcelona; y otros 15 todavía carecían de puerta asignada, pese a tener los despegues antes de los 60 minutos siguientes. Poco después de las 11 horas el pasaje embarcó en el avión Bosque de Muniellos. A las 11.40 horas el aparato despegó. Pero el enfado por el caos matinal ya no era patrimonio exclusivo de los viajeros, ya que el comandante, por megafonía y tras pedir disculpas al pasaje «por el desastre de Barajas», señaló que el aeropuerto estaba «completamente colapsado» desde el día anterior a causa de «un cambio en la configuración de las pistas, que en Europa se hace en una hora». Responsabilidad de AENA e Iberia, según el piloto. El temporal coruñés ayer fue sólo una anécdota para el vuelo 518 de Iberia.