El nuevo embajador de España ante la Santa Sede se despide y confiesa. Tiene la relajación del postparto tras el desgarro emocional. Avisa a navegantes: no se jubila
11 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.La ciudad luce espléndida bajo el sol. Como luce espléndido el alcalde Francisco Vázquez. O habría que decir ya el embajador de España ante la Santa Sede, tras el terremoto informativo que adelantó La Voz el viernes. ?Son veintitrés años y un desgarro emocional, habla de que transformó A Coruña. ?Si no hubiese sido así, los coruñeses no me hubiesen dado seis mayorías absolutas. Me emociona marcharme invicto. Dejo un listón democrático muy difícil de igualar. Ahora ya lo puedo decir, al voto va unido afecto. Me he sentido querido. Pocos me llamaban alcalde, casi todos me decían Paco. ?Un día me dijo que si le faltaba la ilusión de un niño... ?(Rotundo) No me faltaba ilusión. Lo único que hago es adelantar una decisión ya tomada. Mi propósito era presentarme a las elecciones del 2007. En mayo del 2008 coincidían mis 25 años de alcaldía con los setecientos años de la fundación de la ciudad. Era mi intención avalada por la confianza de la gente. Aún hace poco salía una encuesta que decía que era el político más valorado en toda Galicia, liderazgo que he mantenido todos estos años. Las encuestas del PSOE nos dan en A Coruña un concejal más de los que tenemos. Pero no soy político de encuestas. La ciudad atraviesa un momento dulce: desbloqueado el puerto exterior y Alvedro, la tercera Ronda, los mercados, la depuradora... ?¿Cómo es que se va? ?Surge la petición del presidente y adelanto dos años una decisión. Dejo la ciudad en buenas manos. Losada no será un remedo de Vázquez. ?¿Qué destacaría de su gestión? ?Se han dignificado todos los rincones de la ciudad. Los niños de A Coruña tienen las mismas oportunidades que los de Oslo. El colofón es el puerto exterior. ?Elija una sola cosa. ?Quedará siempre el paseo marítimo. Abrimos las cubiertas del barco. La Coruña era un barco en el que no se veía el mar. Es mi homenaje personal a mi padre, que era orensano y decía siempre que aquí no se veía el mar por ningún lado. ?Hubo sombras: alcalde topo, al tranvía le llaman el tren chuchú y dicen que no sirve para nada, las terrazas de María Pita que si son feas... ?A mí las terrazas tampoco me gustan. El tranvía es el metro ligero. Me lo agradecerán los coruñeses. ?Otras acusaciones más fuertes... ?Mire, yo he tenido errores. Lo importante es hacer muchas cosas, en algunas te equivocarás. Cuando no tienes equivocaciones, es que no haces nada y eso es lo malo. ?Hubo ataques más crudos y directos, a su casa en el Parrote, a su patrimonio, sobre todo en la última etapa. También a su familia. ?Yo lo definiría como un acoso por parte de quienes se ven incapaces de construir una alternativa y recurren a la difamación. Azuzan uno de los grandes defectos nacionales, que es la envidia. Yo también reconozco que siempre es difícil ser perdonado cuando más o menos consigues afianzar una personalidad en la vida y alcanzas un nivel de prestigio y tienes una situación económica acomodada. Los coruñeses de bien, en esta ciudad todos nos conocemos y sabemos de dónde venimos y qué es lo que tenemos, saben que el alcalde ha sido un hombre claro y transparente. ?¿Y las críticas virulentas? ?No le doy más importancia que la ignominia de hacerle daño a personas ajenas a mi actividad política. Siempre me he sentido respaldado por los tribunales cuando entendí que era necesario aclarar algo. Es sólo pobreza mental de quienes utilizan esos métodos.