El peón senegalés Thierno Diang estuvo sepultado dos horas bajo piedras y fango en una obra que se desplomó en Vigo. El superviviente relató ayer en el hospital su odisea
10 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.Thierno Diang, de 29 años, fue el último en ser rescatado del pozo donde él y otros dos obreros quedaron atrapados el pasado lunes. Estaban bajo la montaña de escombros del muro de piedra de una escalinata que se desplomó sobre ellos. El rescate de Diang se prolongó durante dos horas. Ayer se recuperaba de sus lesiones en el pie en su habitación del policlínico Povisa, de Vigo. Ya puede andar y confía en que los médicos le dejen volver a su casa mañana. El peón senegalés llegó a España en avión hace diez años. «Por suerte, no tuve que cruzar el desierto como otros compatriotas», afirma. En el país residen muchos familiares. Su padre, su hermano y su primo están repartidos por varias ciudades. Tras una estancia en Vigo se fue a trabajar cinco años en la construcción en Canarias. Volvió hace dos años a Vigo, donde tiene permiso de residencia. Ayer se encontraba bien de salud y podía recordar cómo él, el encargado Gonçalves y el nuevo empleado, el vigués Zenón Estévez, salvaron milagrosamente la vida. «Una gran piedra hizo de paraguas y eso fue lo que nos salvó», relata. Esa mañana, Zenón había entrado a trabajar en su primer día en la obra. La cuadrilla tenía encomendada la tarea de excavar un batache en los cimientos de un edificio en construcción. A las diez de la mañana, Diang hizo una parada para tomar el bocadillo y continuó en el tajo otra hora y media. Estaba a dos metros bajo tierra, en una zanja. Según recuerda, el nuevo trabajaba algo más arriba con un martillo hidráulico muy potente, pues las vibraciones en el terreno eran bastante fuertes. Zenón quitaba la tierra del solar y Diang la retiraba con una pala. «El chaval tocó la zona del muro con el martillo vibrador y cayó un poco de tierra», relata el tercer superviviente. El nuevo obrero siguió con su tarea. Más tierra. El encargado, desde arriba, se percató de que algo iba mal. «Intentamos huir del agujero, corrimos, pero a mí no me dio tiempo. Se nos vino el muro abajo. El muro fue más rápido que yo», afirma el peón senegalés. Thierno recordó en su cama del hospital el miedo que sintió en aquel agujero. «Piensas que nunca vas a salir», cuenta. Él cree que los tres operarios salvaron la vida porque «una gran piedra hizo de paraguas». La pieza, de dos toneladas de peso, era una tableta de chocolate formada por bloques de piedra que habían unido con mortero. Frenó la lluvia de escombros. Por suerte para ellos, sólo estaban sepultados en una fosa llena de tierra y barro. La esperanza llegó gracias al palista de una grúa que movilizó a los operarios de una obra cercana. Las voces le tranquilizaron. La policía local apareció al cabo de cinco minutos. La grúa no podía retirar las piedras que los atrapaban debido a la peligrosidad del lugar. Era evidente que el rescate iba a ser lento. «Primero sentí mucho calor y luego frío», relata mientras recuerda esos críticos momentos en la fosa. Un obrero colocó una cuña para evitar que los aplastase la tableta de chocolate. Una incógnita es si el derrumbe fue causado por una mina de agua subterránea. Un vecino decía ayer que ya los había avisado dos veces de que la aparición de barro en la fosa era un mal síntoma. Diang lo descarta. «Allí abajo nunca vi agua. Como hacía mucho calor tras el accidente, los bomberos usaron las mangueras para ablandar con agua el terreno y refrescarnos», asegura. El senegalés fue el último en salir, seguro de que tenía su pie roto. «Me sacaron poco a poco. Nó sé cuánto tiempo duró. Fue muy largo. Yo era el que estaba más abajo y tenía una pierna atrapada», relata. Se considera afortunado. «Allí dentro pensé que me moría, tenía mucho dolor y estaba cansado. Creí que no salía», dice. Agradece toda la ayuda recibida.