Meca, en un mar de lágrimas

F. Vaquero

GALICIA

VICENT MARI

El nadador confesó que lloró en la parte final de su travesía a nado entre la Península y Baleares. Señaló que «fueron cuatro horas trágicas» y que los brazos no le respondían

06 ene 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

«Fueron cuatro horas trágicas. Jamás había llorado en una travesía». David Meca reconoció que sufrió mucho en el último tramo de su travesía a nado desde la Península hasta Baleares. Los últimos kilómetros de los 110 que realizó fueron muy duros. Corrientes, medusas, frío, quemaduras, vómitos, oscuridad... «Los brazos ya no me respondían y pensé que no lo conseguíamos», explicó ayer el nadador catalán en una rueda de prensa. Su rostro todavía era una mapa de lo vivido durante el reto. Meca fue ingresado en el hospital de Can Misses, de Ibiza, tras concluir su reto porque mostraba síntomas de hipotermia. Tras pasar todo el jueves en el centro sanitario, se mostraba muy animado ante los medios, pero todavía estaba muy débil. El deportista pesa siete kilogramos menos de los que marcaba cuando salió de Jávea (Alicante). A su cuerpo le cuesta recuperarse tras 26 horas de natación. «La gente no se cree que en invierno haya la misma cantidad de medusas en el mar que en verano. Pero había muchas y pasé un mal momento, porque no podía meter la cabeza en el agua y porque, incluso a través de los guantes, notaba las pequeñas descargas eléctricas», indicó. La oscuridad Además, tuvo que afrontar parte del trayecto a oscuras, ya que el foco utilizado durante la noche por los miembros del equipo que lo asistían en el mar para iluminar la zona en la que operaba el deportista se fundió. «Las 14 horas sin luz han sido lo más duro que he vivido. No me planteé el abandono, pero sí tuve momentos de mucha irritación al comprobar que no avanzaba debido a las corrientes», señaló Meca. Primero alcanzó uno de los islotes de Bledes, lugar al que le llevaron las corrientes. Pero quiso continuar hasta el puerto de San Antonio, en Ibiza, que estaba todavía a unos siete kilómetros y medio, para evitar que alguien cuestionara la validez de su hazaña. En principio, debería haber realizado este trayecto en una hora y media, pero se demoró cuatro horas debido a que los miembros de su equipo calcularon mal las distancias. La recompensa fue el caluroso recibimiento que le prepararon en San Antonio. «Fue impresionante encontrar a tanta gente esperando y tantas embarcaciones acompañándome en los últimos metros, todos haciendo sonar las sirenas», manifestó. «Creo que éste es mi mejor regalo de Reyes. Cuando me muera, me lo llevaré a la tumba de recuerdo. No hay victoria deportiva que se pueda comparar con lo que hemos podido vivir», dijo. Meca criticó a aquellos que definieron su aventura como una locura y adelantó que buscará otros objetivos. «Ésta era una prueba personal, no una locura, y ha sido el reto de mi vida, algo más importante que cualquiera de las medallas que he ganado. Y, aunque ahora podría colgar el bañador muy satisfecho con mi trayectoria, a mis 31 años continuaré marcándome nuevas metas», concluyó.