La memoria del capitán Mette

La Voz

GALICIA

IAGO VIANA

La limpieza de un cementerio abandonado en el psiquiátrico santiagués de Conxo deja al descubierto la inquietante tumba de un marino alemán.

09 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

«Hier ruhet Friedrich Wilhelm Mette. Kapitan. O.S. Santa Ursula» (Aquí descansa Friedrich Wilhelm Mette. Capitán. Buque Santa Úrsula). La frase es sólo parte de un epitafio que, desde hace unos meses, intriga a quienes se acercan al antiguo cementerio del Hospital Psiquiátrico de Conxo, en Santiago, un recinto funerario que permaneció olvidado y oculto por las zarzas desde 1979 hasta que un grupo de voluntarios lo rescató de la memoria de los muertos más olvidados: los que perecieron apartados del mundo cuando la enfermedad mental todavía se llamaba locura; los renglones torcidos de Dios. La labor del grupo Itinera ha rescatado un camposanto repleto de difuntos a los que nadie lleva flores, cruces de metal bajo las que yacen decenas de muertos anónimos. Aunque no todos. De los que están identificados, uno destaca sobre los demás. Su tumba es la más rica del cementerio, una fosa adornada con mármoles y cadenas en una necrópolis de desguace. Un texto escrito en alemán habla de un marino, el capitán Mette, muerto en Santiago en 1917. Hoy son muchos los que se preguntan en Conxo: «¿E quen viría sendo o tal Mette?». La huella del barco Seguirle la pista no es fácil, y todavía hay muchas puertas a las que llamar para sacar del anonimato a un tipo del que poco más se sabe que una escueta leyenda: «Dicen que se volvió loco en la Costa da Morte. Sus hombres lo trajeron al psiquiátrico y aquí murió», explica Carlos Martínez, coordinador de Itinera. Nada más. Un marino perdido en Conxo, como un pulpo teutón en un garaje gallego. Pero ¿quién fue realmente Friedrich Wilhelm Mette? ¿Quién pagó una tumba tan lujosa en el cementerio más escondido de la ciudad? ¿Por qué se volvió loco? Aún no hay respuesta para todo, pero sí alguna pista. De momento, el barco ha dejado más huellas que su capitán y todavía figura en los registros de la Línea Hamburguesa Sudamericana, en cuyos navíos partieron hacia la emigración cientos de miles de gallegos. En sus archivos figura inscrito el Santa Úrsula , un buque de 3.771 toneladas construido en 1908. Efectivamente: el barco del capitán Mette, el muerto misterioso de Conxo. Hay constancia escrita de que, entre 1908 y 1914, el Santa Úrsula surcó las aguas del Atlántico llevando en su barriga de metal el sueño americano de los emigrantes europeos. Y así fue hasta que estalló la Primera Guerra Mundial. La contienda debió de pillar al señor Mette al timón, navegando entre continentes al mando de sus tres mil y pico toneladas de acero. El estudio de los archivos del psiquiátrico podría aclarar qué le pasó; hoy es un misterio. En cualquier caso, la leyenda señala que sus hombres lo obligaron a dejar el barco y lo convirtieron, para siempre, en un marinero en tierra que ni siquiera saldría del sanatorio con los pies por delante. De hecho, todavía está allí. ¿El horror de la guerra? ¿El mar? ¿Un amor? ¿Una prosaica enfermedad mental? Todo debería estar en los archivos y, si todavía existe, se sabrá. Con Mette en el sanatorio, el Santa Úrsula siguió su destino. El barco estuvo abrigado durante dos años en el puerto de Lisboa. Pero en 1916, Portugal entró en la guerra para enfrentarse a los alemanes, así que el Santa Úrsula fue incautado y rebautizado con el patrio nombre de Estremadura . A partir de ahí, se le pierde la pista. Mette murió loco un año antes de poder saber cómo acabaría aquella guerra que hacían, allá afuera, otros locos. Hoy, Friedrich, muerto a los 42 años, sale de su sueño eterno de Conxo y pide a gritos una historia que ya ha empezado a escribirse. Descanse en paz, Friedrich Wilhelm Mette, capitán del Santa Úrsula . 1875-1917.