Salta la alarma en Tráfico tras constatarse que la cifra de muertos en las carreteras gallegas no ha descendido respecto al 2004
24 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Los medios de comunicación han dejado constancia, en estos días pasados, del alza de la accidentalidad en el tráfico de Galicia. Cabría añadir que el hecho tiene marcada referencia para las provincias de A Coruña y de Pontevedra, con características similares en el desarrollo de la circulación. De hecho, el número de víctimas mortales en esas provincias en el tiempo transcurrido desde el comienzo del año 2005 hasta estas fechas no ha descendido, comparativamente con las de igual período del 2004. A esta circunstancia se suma la información que pone el acento en el elevado número de conductores de vehículos sorprendidos en controles preventivos de alcoholemia con tasas de alcohol que superan los límites legales establecidos. Y debe decirse que este campo de riesgos añadidos es particularmente inquietante cuando la sucesión de campañas institucionales alerta a la ciudadanía acerca de la necesidad de evitar conductas que acrecen los factores de peligrosidad. A estas acciones se añade el plan de instalación de radares fijos y la próxima entrada en vigor del sistema de permiso por puntos. ¿Nada de esto basta para evitar la interminable sucesión de muertes en carreteras construidas para el progreso de las personas? ¿No cabe mejorar una situación como ésta, en la que los accidentes de tráfico se suceden como atendiendo a imperativos inexorables? Desacato a la normativa Tanto desacato a la normativa ordenadora del tráfico, a un conjunto de reglas que son esencialmente normas de comportamiento, tantos accidentes con víctimas o sin ellas, conforman una inequívoca muestra de que los temores a la sanción no bastan, como si se menospreciasen los mandatos legales. ¿Cabe que esta perspectiva -próxima a un cierto sentido de impunidad- venga provocada por la lentitud de un procedimiento sancionador falto de la nota de inmediatez que haría inteligible el principio de ejemplaridad en la sanción? Y si esto fuera así en la esfera administrativa no cabe afirmar que existan demasiados miedos -guardadores de la viña- cuando los hechos de tráfico tienen relevancia penal. En la Memoria de la Fiscalía General del Estado 2005 se alude a la «actitud excesivamente laxa de los órganos judiciales y del Ministerio Fiscal» y se apunta que «en el caso de imprudencias con resultado lesivo o mortal, la intervención del fiscal se reduce a un escasísimo, casi anecdótico, número de procedimientos. Contrasta el sistema con los modos al uso en los países nórdicos y en el Reino Unido -precisamente los de mejores indicadores de seguridad vial-, donde el rigor y la radicalidad en los procedimientos, junto con la entidad de las sanciones, son claves de eficacia. En otro orden, conviene llamar la atención sobre un dato que revela la estadística de la accidentalidad. A lo largo del pasado año el registro de accidentes mortales en Galicia acredita que el 50% de ellos han tenido lugar en viales para el tráfico interprovincial o intermunicipal, allá donde la vigilancia es, de ordinario, menos intensa y persistente, seguramente porque no es posible que los servicios especializados de agentes alcancen en su función al complejo y extenso viario de la comunidad. Quiere decirse, en resumen, que en tanto no lleguemos a otros modos en el tráfico -los que vienen por la educación cívica, primero, y vial después- los usuarios deben sentir próxima la física presencia de quien atiende a la seguridad de la circulación rodada. Y esto es todo. Es cierto que los accidentes no cesan. Es necesaria la persistencia en el esfuerzo, para hallar alternativas de mejora.