La dignidad pifiada

LOIS BLANCO

GALICIA

LAVANDEIRA JR.

LA vicepresidencia de la Xunta transforma en ocasiones su gestión en la parrilla de un canal temático de culebrones.

12 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

La meritoria ampliación de ayudas a mujeres maltratadas se titula O salario da liberdade; las reuniones electorales de fin de semana de Quintana con sectores sociales son capítulos de la serie O vicepresidente escoita. Con estos antecedentes, llegamos al último miércoles. La menguada plataforma Nunca Máis fue recibida por el vicepresidente en su sala de juntas. Salió de San Caetano y anunció que hoy, 13 de noviembre, sería declarado por la Xunta O día da dignidade. Fantástico. La organización amamantada y sostenida por el entramado social nacionalista (el PP tiene el suyo y al PSOE le gustaría tenerlo) es recompensada. Horas después de la proclamación hecha por la plataforma, apareció en las agencias una matización de Quintana. Lo que Nunca Máis anunció que era un compromiso asumido el vicepresidente matizó que era un propósito con el que se identifica, pero que antes debería ser aprobada una declaración oficial por el Consello de la Xunta. El jueves por la mañana, Touriño se fue a la reunión con sus conselleiros con un problema inesperado a cuestas. ¿Qué hacer cuando Quintana propusiese convertir el accidente del Prestige en el aniversario de la dignidad? El Consello avanzó de acuerdo con el orden del día previsto, donde no figuraba ninguna propuesta para el 13 de noviembre. Los conselleiros avisados del PSOE esperaban que la solicitud del Bloque llegase al final, en ese apartado de las reuniones de los gabinetes parecido al ruegos y preguntas de las asambleas de comunidades de vecinos. Pero tampoco. Un problema menos para Touriño, consciente de que si la Xunta hubiese convertido el 13 de noviembre en un homenaje a Nunca Máis estaría metiendo un tajo a la fractura que supuso en Galicia el Prestige, cuando su deber consiste en ponerle una venda. Quizá el sentidiño al que apela con frecuencia Quintana lo obliga a ver que la senda de Nunca Máis lo distancia de su auténtico objetivo: el electorado galleguista que absorbió el fraguismo y que está a punto de una desbandada. El único que le puede aportar los votos suficientes para algún día suceder a Touriño en Monte Pío. El vicepresidente necesita las habilidades de un equilibrista de circo de los de antes para sobrevivir en el alambre al que se ha subido. Para buscar el apoyo de aquellos votantes del PP que tienen un elevado sentido de la identidad colectiva de Galicia sin frustrar en exceso a las bases militantes del BNG hace falta, por lo menos, tomarse la pócima de la doble personalidad del doctor Jekyll. Por el momento, los que hoy acudan a la manifestación de Nunca Máis en Santiago -un puñado en comparación a los que algún día fueron- se sentirán dignamente frustrados.