Cinco gallegos y tres murcianos de la acrobática Patrulla Águila componen el único equipo que partirá de Galicia para participar este año en la mítica prueba del desierto
09 nov 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Las tripas se pegan a la espalda, la cabeza semeja estar metida dentro de una lavadora y quinientos caballos rugen bajo los pies como un huracán. Tres gallegos vivirán día y noche con esa banda sonora durante los primeros quince días del año 2006, el tiempo que les llevará, si la suerte y las dunas del desierto lo permiten, recorrer los 9.000 kilómetros que hay desde Lisboa a Dakar. Pero los tres -piloto, copiloto y mecánico- no estarán solos en la mítica competición que este año por primera vez parte desde Portugal. Además de los 75 camiones rivales, 180 coches, 230 motos y otros 240 vehículos de asistencia, el Man T4 de Antonio Montero y su gente estará acompañado por los otros tres integrantes de un todavía inmaculado Scania, y los dos motoristas de sendas Yamaha. Todos ellos, los ocho y el estajanovista equipo que tienen detrás, llevarán la sangre gallega a través del desierto africano bajo el nombre de Raviasport , toda una declaración de intenciones y al mismo tiempo el sentimiento que estalla tras dos semanas de penuria y meses de esfuerzo al llegar a la meta final del Lago Rosa de Senegal. «No sabría describirlo, es algo descomunal», dice Livino Míguez, quien el año pasado vivió y finalizó la gran paliza del Dakar conduciendo el camión con el que compitió el Ministerio de Defensa. Velocidad sin límites Livino, al que todos los demás conductores ven asombrados al cruzarse con él en sus trayectos hacia los montes de O Porriño, donde traga piedras y lo que salga a los pies de su cabina a casi tres metros de altura, maneja el camión con una destreza casi insultante, la misma con la que mueve el soplete con el que refuerza, corta y une el esqueleto del camión. Una auténtica bomba sin limitación de velocidad, tacógrafo ni tampoco silenciador. Unos ochocientos litros de combustible entran y se consumen con la misma velocidad que logra enviar el compresor y generador que descansan en la parte de atrás, un auténtico taller rodante. De ahí y del Scania de asistencia -es la primera vez que la marca escandinava participa en una competición- saldrán todas las piezas necesarias para subsistir durante la competición. Al acabar cada etapa, pilotos, copilotos y mecánicos apenas tendrán tiempo para dormir. «Éste no es el equipo de Carlos Sáinz, que cada noche se cambia el coche casi por entero mientras él aprovecha para dormir», aclara Armando González, otro vigués del equipo gallego que en esta edición competirá en el Dakar. ¿Quién va mal? Cuando no da tiempo a dormir, copiloto y mecánico enlazan con una fuerte cinta aislante la cabeza y el casco al respaldo para no romperse el cuello, y entonces... a dormitar, pero siempre con un ojo abierto. Las lenguas de arena del desierto y los precipicios que se abren paso de repente en lo alto de las dunas no permiten confianzas. «Ves pasar camiones y otros vehículos de la competición hacia todas las direcciones, y te preguntas, seré yo el que va mal». Esa es la reflexión constante durante la prueba, dice Livino. La Patrulla Aguila Pero los cinco gallegos que con sus motos y coches afrontarán el rally cuentan con una ayuda excepcional. Tres miembros de la acrobática Patrulla Águila del Ejército Español completarán el Raviasport . Miguel Puertas, ya veterano en el Dakar, conducirá una de las dos Yamaha. Fran Gómez, el piloto de Carballo, guiará la segunda. Los águila también se harán cargo del camión de asistencia y de la mecánica de las motos. Todos ellos, que ya viven la cuenta atrás, estarán el 28 de diciembre en Lisboa, con Dakar en la cabeza y Galicia, siempre, en el corazón.