«Hago un cocido buenísimo»

Nacho Mirás Fole, nacho.miras@lavoz.es

GALICIA

Le preocupa más la injusticia social que una moción de censura; y es feliz en una cocina, en vaqueros y con un chicho en el pelo

30 oct 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Desde la ventana de su despacho, sólo una uralita impertinente estorba en el horizonte inmenso de la ría de Vigo. Pero la quietud contemplativa del paisaje es cosa de fuera; aquí dentro, en el Concello que preside la popular Corina Porro Martínez (Ferrol, 1953) el ritmo es casi frenético, igual que la ciudad. -¿Por qué corre la gente por los pasillos? ¿Vigo es así o le imprime usted carácter al Ayuntamiento? -A la alcaldía quizás le imprimo yo el ritmo. En mi época de Santiago también se corría por los pasillos. Pero Vigo es eso. A veces parecen frases hechas lo de la ciudad dinámica, pujante, incluso se usa con sentido negativo que es una ciudad a veces un poco conflictiva, contestataria. Yo creo que tiene una parte muy positiva que es, precisamente, esa viveza. Eso es lo que nos hizo estar vivos y ser hoy la primera ciudad de Galicia. -Mire que eso que dice levanta ampollas en el norte... -Eso no es localismo, es una realidad. Vigo son dos caras de una misma moneda: la ciudad industrial, el motor económico de Galicia; y, después, una apuesta que estamos haciendo como filosofía de gobierno: conjugar la ciudad industrial con la ciudad de servicios, una ciudad para vivir, para convivir, para compartir, con cultura, de ocio. Por primera vez se está consiguiendo. -Por lo pronto, hay flores en las calles, muchas... -[Interrumpe] ¡Y una transformación urbana! -¿El poder es lo que creía que iba a ser? -Yo me planteo mi trabajo como una responsabilidad dentro del servicio al ciudadano. Lo único que me interesa es estar aquí para resolver los problemas. -¿Le quita el sueño pensar en levantarse de la cama y que la esté esperando una moción de censura? -No. Lo que me quita el sueño es ser incapaz de resolver un problema o que la irresponsabilidad de algunos en algún momento determinado impida el progreso y el desarrollo de mi ciudad. -¿Qué tal se concilian la vida laboral y la familiar? -Tengo tres maravillosos hijos y, además, soy madre y padre. Me comprenden, me apoyan y, en mi vida, son mis incondicionales. -¿Le riñen ellos como alcaldesa? -No, cuando escuchan alguna crítica, como saben que por mi parte doy todo lo que puedo... Igual hasta creen demasiado en mí, y eso también me obliga a ser mejor. -¿Ninguno para político? -Tengo una bióloga, un arquitecto y una enfermera. Sobre todo, son buena gente. -¿Cómo desconecta? -Un día feliz para mí es el día que me puedo levantar, ponerme el vaquero, un chicho en el pelo y meterme en la cocina. -¿Alguna especialidad? -Hago un cocido buenísimo. -En la plaza le ofrecerán lo mejor, trato de favor... -[Se ríe] En los puestos de la plaza de Bouzas son mis amigas. Les digo: «¡Prepárame...» -¡Claro, da órdenes en la plaza como en el Ayuntamiento! -No, ellas ya saben lo que quiero y tengo la suerte de que, en cada puesto, tengo una amiga. -¿Su peor trago? -Lo peor siempre tuvo que ver con algo muy relacionado con las personas, cuando existe un sufrimiento. Tengo un compromiso y hago un seguimiento muy estrecho con el mundo de lo social, que fue mi motivación para entrar en política. De vez en cuando me entra mono de estar con mis orígenes, que son las personas con discapacidad; son especialmente cariñosas conmigo. Y ellas me han enseñado mucho. Luchar por una sociedad más justa vale la pena, las cosas se pueden cambiar. -A ver si van a decir que es más social que los socialistas... -Puede ser. Hay un compañero del Bloque que siempre me dice: «Tú estás en el partido equivocado». Yo digo: «No. Nosotros también creemos en el mundo de las personas». -¿Le preocupa que un día le dediquen o no una calle? -En absoluto. Me preocupa que esa calle la puedan disfrutar hoy las personas mayores, las familias, los niños... me preocupa eso. -Y una cosa, ¿después de Fraga? ¿El elegido será...? -Eso lo dirá un congreso. -¿Y usted, llegado el caso, se postularía? -No, yo me veo luchando por mi auténtica obsesión y pasión, que es Vigo, y cuando digo pasión lo digo con un nudo en la garganta (se emociona). Creo que Vigo no ha tenido demasiada suerte con los políticos locales.