La disparidad de criterio entre las autoridades sanitarias europeas y españolas no ha contribuido a informar a la población, sino a confundirla y alarmarla
23 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Jamás se había producido tal confusión. Uno: la Organización Mundial de la Salud lanza una alerta en toda regla sobre la amenaza de la gripe aviar; dos: la Unión Europea la amplifica y la replica en términos muy serios a todos sus países miembros, y tres: las autoridades españolas se dedican a decir que no pasa nada. Hombre, algo pasa. Para empezar, esta inexplicable contradicción. Los expertos manifiestan que hay que evitar la expansión de la gripe de las aves, porque una posible mutación del virus con el que afecta a los humanos produciría una gravísima pandemia, con miles o millones de muertos. El Gobierno replica que no hay de qué preocuparse e insiste en que hablar de pandemia humana es pura ciencia ficción. Y en el medio de tal disparidad, una gran parte de la población que no sabe a qué atenerse. Presas de la desinformación y de un desmedido pánico, muchas personas empiezan a retirar el pollo de su dieta y hacen interminables colas en los centros de salud para que los vacunen, aunque no saben muy bien de qué. ¿Era necesario este caos? ¿Se habría producido si las autoridades agrarias y sanitarias españolas hubiesen centrado el problema desde el primer momento, en lugar de contradecir a la OMS y a la Unión Europea? Ahora, el Gobierno no tiene uno, sino dos frentes abiertos. Por un lado, debe extremar las medidas profilácticas para mantener a raya la gripe de las aves si llega a detectarse en España. Por otro, tranquilizar a esa gran parte de la población desinformada y confundida, poner freno al ataque de pánico y hacer ver que no existe riesgo por comer pollo. Quizá todo esto no hubiese pasado si, como procede en un país democrático, los gobernantes reconociesen la mayoría de edad de la sociedad y le informasen desde el principio sin tapujos. Los ciudadanos no son niños asustadizos. Y hasta son capaces de entender cuando un Gobierno lo hace mal.