Cualquier gesto, conversación o comida que mantienen los principales candidatos a suceder?a Manuel Fraga es susceptible de levantar ampollas en el grupo parlamentario.
21 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Dos de los principales candidatos a suceder a Fraga en el PP, Xosé Manuel Barreiro y Alberto Núñez Feijoo, están más próximos de lo que parece. Aunque sólo sea físicamente, pues sus despachos en el Parlamento gallego son contiguos, de tal forma que a uno le bastaría con ser chafardero y husmear un poco para captar sin interferencias las conversaciones del rival a través del tabique. Los dos ex vicepresidentes de la Xunta, con la aquiescencia del indómito López Veiga, están protagonizando los primeros movimientos precongresuales del PP con gestos que agudizan el ruido de sables y animan la actividad parlamentaria. Barreiro y Feijoo también coinciden de momento en el tono, al mostrarse abiertos al diálogo y a la negociación. Y cuando se les atribuye algún padrinazgo político -el avezado Cacharro Pardo, en el primer caso, y el no menos veterano Romay Beccaría, en el segundo-, ambos se sacuden el hombrero, ponen cara de despiste y explican de forma casi calcada: «O meu padriño, por desgracia, xa morreu». Hasta la respuesta que dan huele a puñetero pacto. Pero con un poco más que se rasque, se aprecian las diferencias de estilo. Feijoo es un habitual del gimanasio y de los cines de Vigo, mientras el lugués gasta suela camiñando (versión galaica del senderismo) o compartiendo tertulia y un buen vino. Capacidad de remate, equipo y punch político, el vigués, tolerante y con tendencia a la contención, Barreiro. Dos sensibilidades Quizás sean estos matices personales los que permiten calibrar las sensibilidades que uno y otro representan dentro del PP -clasificación que sería válida para otros aspirantes como López Veiga o Xosé Cuíña- y que, de algún modo, justificaría el férreo marcaje que se tienen los candidatos entre ellos, con la complicidad de todo el grupo e incluso de diputados ociosos del PSdeG y el Bloque. Las suspicacia en las filas del PP está tan a la orden del día que un almuerzo íntimo, como el protagonizado recientemente por Feijoo y López Veiga a las afueras de Santiago, puede levantar un auténtico vendaval en los pasillos de la Cámara, capaz de rebullir el ánimo de varios diputados de Ourense o de alterarle el pulso al ex conselleiro que se topó la escena. Y el que no entra de forma decidida en el juego precongresual de las afinidades es porque no cuenta o quizás porque intenta que todos lo tengan en cuenta, si bien «de este modelo de deputado, non hai moitos exemplos», confiesa uno de ellos, quizás con las contadas excepciones de quienes, como Fraga y sus electos más afines, intentan mantener una posición equidistante en todo el proceso. En realidad, la inmediatez del congreso, vista desde O Hórreo, da para mucho. Hay parlamentarios del PP que presencian el espectáculo entre bastidores, con pasatiempos tan malignos como el que consiste en elegir al sucesor según el número de iniciativas firmadas esta legislatura. Criterio que otorgaría a Barreiro una mayoría amplia, seguido por Feijoo y López Veiga, pero desterrando a Cuíña a la noche de los tiempos.