Vía rápida a la muerte

LOIS BLANCO

GALICIA

CARMELA QUEIJEIRO

A FALTA de más kilómetros de autovías, Galicia se adentró no hace tantos años en una supuesta modernidad con la construcción de las vías rápidas.

15 oct 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

El invento no puede atribuírsele al fraguismo, aunque fue la nuestra una de las comunidades que más lo exprimieron. Hay vías rápidas hasta en Murcia, allá en el otro extremo. Mejor dicho, las había. El Reglamento General de Circulación, aprobado el año pasado, acabó con una denominación que era a todas luces temeraria. La señalización se cambió y la expresión «rápida» desapareció de los letreros que informan a los conductores. En Galicia afectó a los corredores de O Barbanza, O Salnés y Ferrol-As Pontes. Pero el número de víctimas no mejoró, entre otros motivos porque ninguna ley puede cambiar de un día para otro el nombre que fue grabado en la mente colectiva con insistencia y publicidad institucional. Las vías rápidas, falso símbolo de renovación de carreteras allí donde no había dinero para hacer vías de dos carriles y con una mediana decente, se han descubierto como autopistas hacia el cielo de cientos de automovilistas (en torno a cuarenta muertos en España al año) y como embudos que se atascan durante los meses de verano. La vía rápida más peligrosa del Estado es gallega: sale de Padrón y llega hasta Ribeira. En un gesto desesperado, Tráfico le espetó el mes pasado unos carteles jamás vistos en O Barbanza por su tamaño y su amarillo chillón. Es imposible no verlos: «33 muertos en 5 años...». Entre enero y junio del 2005, fallecieron en el corredor de O Barbanza diez personas. En muchos municipios de montaña de Galicia tienen que pasar años para alcanzar esa cifra en el registro de nacimientos. ¡Una salvajada! Desde que en julio concluyeron las obras de sustitución del asfalto (se incorporó un pavimento rugoso y antideslizante) y se hicieron mejoras en los tramos más peligrosos, resulta que los accidentes mortales sí que se redujeron. Tanto que, entre julio y mediados de octubre, no los ha habido. Antes que tarde, seguro que volverán a sucederse en los periódicos las iniciales de fallecidos en cualquiera de las vías rápidas, porque sus trazados están repletos de trampas. Los letreros amarillo chillón de O Barbanza que recuerdan a los muertos puede que ayuden a concienciar a los conductores, como los ramos de flores que colocan en las cunetas los familiares de los que se fueron. Pero una Administración no puede eximirse de sus responsabilidades con carteles que advierten de los peligros a los ciudadanos. No se nos protege con letreros, sino sacando cuanto antes de debajo de las piedras los millones que hagan falta para cambiar los trazados o desdoblar esas vías rápidas hacia la muerte.