MEDIO VISADO | O |
30 sep 2005 . Actualizado a las 07:00 h.ES LA EMIGRACIÓN en pequeñito. En miniatura. Ejércitos chiquitos de niños conquistan Galicia desde hace años, pero ahora más que nunca. Chavales armados hasta los dientes de besos y de abrazos. De sonrisas. La artillería infantil no entiende de nacionalidades: todos tiran con la misma bala, siempre al corazón. Llegan de China, de Rusia, de Etiopía. Son sólo tres ejemplos de los países de origen de los protagonistas de un proceso migratorio que, como el tradicional (el que trajo a Ana María, la protagonista de esta página, a Ourense), mezcla desgracias y picos de felicidad. No vienen solos. Llegan de la mano de sus nuevos papás. No vienen por casualidad. Ya están aquí y son parte de un futuro que se conjuga en gallego. Son niños de colores. Siempre te parecen guapos. Pueden ser una receta. Un remedio casero contra la intolerancia al extranjero. Porque si los ves, si los miras, es imposible que pienses que en tu país no hay sitio para más gente. Porque son muchos, pequeñitos, de colores.