Klaus Wowereit, regidor de Berlín, desata la polémica al dar la bienvenida oficial a un festival de estética dura y homosexual criticado por los más conservadores
30 ago 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Berlín está de moda por algo más que sus exposiciones y museos. Gracias a su fama de ciudad tolerante, multicultural, y sobre todo, multisexual, se ha convertido en punto de referencia del turismo urbano europeo. Las mismas calles que acogen coloridos festivales como el Christopher Street Day, o el Carnaval de las Culturas del Mundo, están salpicadas de cafés, tiendas y garitos para el público gay. No es para menos en una ciudad con más de 300 mil homosexuales, en donde uno de cada diez busca o tiene pareja del mismo sexo, incluido su alcalde, Klaus Wowereit. Ver al popular político encabezando la marcha del Orgullo Gay (entre otros muchos saraos de los que es asiduo) forma parte de la vida cotidiana de la capital alemana. El socialdemócrata de 51 años, que gobierna desde hace cinco la ciudad-estado de Berlín, no pierde ocasión para presumir del espíritu tolerante y abierto de esta metrópoli. Pero a veces, incluso Berlín, donde todo está permitido, se echa las manos a la cabeza. Y es que circula por las calles un prospecto con la imagen de un hombre, con un taparrabos de cuero y una máscara de gas, encadenado por las muñecas a un váter. Es el cartel promocional del Folsom Europe, una fiesta callejera, que se celebra este fin de semana en Berlín y que pretende reunir a 15 mil amantes de la estética sadomasoquista. El festival, que hace 20 años que es una verdadera institución en San Franciso, se celebra por segunda vez en la capital alemana. Y este año cuenta con suficientes patrocinadores, como para que hayan sacado a las calles un folleto, en el que el alcalde berlinés da la bienvenida a todos los visitantes. «Berlín es una ciudad tolerante y abierta y estamos orgullosos de que personas de distinta procedencia y gustos, se sientan a gusto y festejen conjuntamente en nuestra ciudad». Pero lo que para el alcalde es un festival que «permite a la escena (de etiqueta fetichista) presentarse públicamente, y acabar con el escepticismo y los prejuicios», raya para otros el mal gusto. Wowi, como llaman cariñosamente al alcalde que hizo historia, por ser el primer político alemán que confesaba públicamente su homosexualidad, ha ido esta vez demasiado lejos, convirtiéndose en blanco de la prensa conservadora y de la oposición. La polémica ha llegado hasta Baviera, las antípodas de la «libertina» capital alemana: «Estas palabras de un alcalde serían impensables en Baviera», apuntaba el socialcristiano de la CSU, Erwin Huber, «ya que atentan contra la sensibilidad de una mayoría de la población». Wowereit salió al paso de las acusaciones en el diario Bild , el rotativo que ha puesto en marcha la campaña. El alcalde exige «tolerancia, siempre y cuando no hagan nada ilegal» y reconoce que este festival es parte de la «escena más estridente» de Berlín. Pero pone punto y final a la discusión, con un salomónico: «Si no les gusta, no tienen por qué ir». Por cierto, tampoco él piensa acudir a este encuentro en Schöneberg, el barrio gay por excelencia de la ciudad. La fiesta, patrocinada por la Cámara de Comercio e Industria de Berlín, así como por la Oficina de Turismo, exige una determinada etiqueta: los fetichistas del cuero y del desnudo estarán en casa, aunque también la skinhead será bien recibida. No son los berlineses los más soliviantados por este encuentro. Al fin y al cabo pasan todos los días ante escaparates con moda de cuero sadomaso . Tampoco levantarán la voz contra Wowi, uno de los políticos más populares del país, que hizo historia cuando salió del armario con la frase «Soy homosexual, ¿y qué?», que ahora forma parte de la cantinela popular.