El Museo del Mar y el Consello da Cultura Galega reeditan el primer estudio que se realizó en España sobre los caladeros y las artes extractivas, en 1778
05 jul 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La historia se repite hasta en los asuntos puntuales que hoy en día siguen ocupando la actualidad del mundo pesquero. Si alguien pensaba que la lucha por las parcelas marítimas para hacerse con las mejores huertas del mar es un conflicto de este siglo, libros como el que ayer se presentó en Vigo sacarán de su error a los más cándidos. El libro publicado en colaboración entre el Museo del Mar y el Consello da Cultura Galega se titula literalmente Instrucción sucinta profesional, que deberán observar las embarcaciones destinadas al descubrimiento de nuevos comederos, placeres, ós bancos de pesca de altura en los mares de los dominios del Rey y se editó por primera vez en 1788. Eran otros tiempos, también en lo que a estilo editorial se refiere. El investigador del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), Javier López Linage, y el experto en barcos Juan Carlos Arbex, añaden los comentarios que contextualizan en el presente la obra que López Linage describió ayer como «testimonio de la actividad pesquera de Galicia durante el reinado de Carlos III». Y lo es porque se trata del primer estudio que se hizo en España sobre los caladeros de pesca y las artes extractivas, basado en el trabajo desarrollado en las costas gallegas en el siglo XVIII a bordo de los buques Descubridor y Explorador . Según los especialistas, es posible que el Descubridor fuera el primer buque europeo dedicado a estos fines, lo que confirmaría el destacado papel que los gallegos jugaban ya entonces en el sector pesquero en el mundo, tanto en lo que se refiere a nuevas tecnologías como a la explotación de nuevos recursos marinos. La publicación refleja el rigor de los sistemas de muestreo, muy semejante -salvando las distancias tecnológicas- a las que se usan ahora en las campañas de investigación oceanográfica y recoge hechos curiosos como la creación de un restringido Montepío de Pesca, en 1775, y también documentación gráfica sobre maniobras con artes de pesca o la descripción de las especies capturadas. El miembro del CSIC enlazó más de dos siglos de historia recordando que debido a los perjuicios causados por el Tratado de Utrecht, en el siglo XVIII, el Real Consejo de Castilla planteó una alternativa a algunas especies capturadas en mares lejanos, como el bacalao y el arenque, que podían ser sustituidos por el abadejo y la sardina. Los frutos de la investigación que se recoge en el libro impulsaron la creación en Galicia de nuevos sistemas de conservación del pescado, con aportaciones de vascos y catalanes. López Linage recordó que estas acciones permitieron reducir las importaciones de pescado y propiciaron la exportación y comercialización a gran escala. También alaba el bacalao curado, como «joya de la conservación alimentaria» y recomendó la lectura de la obra no sólo a los muy marineros, sino a quienes tengan curiosidad por las fuentes de las que hoy vivimos y comemos.