Hay vida en el «comboio»

GALICIA

El automotor que Portugal considera económicamente inviable sale cada mañana de Vigo con una media de 35 pasajeros y llega a Oporto con sus 160 plazas al completo

30 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.

Dicen que es un tren fantasma, porque nunca hay colas para comprar sus billetes y al Gobierno portugués los números del tramo Vigo-Valença le salen cada vez más rojos. Pero basta con subirse un día cualquiera para comprobar que dentro del comboio queda mucha vida. En la ventanilla, la demanda es la de costumbre. «Faltan diez minutos para la salida y ya vendimos 15 billetes», afirma el funcionario. Cuenta que la demanda ha bajado bastante desde que Comboios Portugueses, la compañía ferroviaria lusa, decidió eliminar una tercera frecuencia que salía de Vigo a las dos de la tarde. «A esa hora iba toda la gente de Guillarei que salía del trabajo para ir comer a casa», recuerda. Una mirada rápida al pasaje permite trazar ya un perfil del usuario del tren eurorregional que se podría dividir en tres categorías: estudiantes, trabajadores transfronterizos y personas mayores a las que la carretera ya le da vértigo. Sus historias son muy diferentes, pero todos coinciden en una cosa: «Portugal no puede eliminar este transporte», dicen. Otto es un trabajador rumano que reside en Vigo, en donde tiene su familia, y se va de lunes a viernes a Oporto, en donde está empleado en la construcción. «Si quitan el tren tendré que recurrir al autobús, pero es más caro», explica. Dos filas detrás está Olga, una funcionaria de Vigo que trabaja en O Porriño. «Así me evito pasar a diario por la autovía de la muerte», explica. De los 35 pasajeros que salen de Vigo, 24 llevan destino a Oporto, siete a Valença y el resto a Vilanova y Viana. El revisor asegura que la afluencia es muy regular, salvo los fines de semana, que es algo mayor, por los turistas que llegan vía Santiago y se suben en la parada de Redondela. En la cabina de máquinas, Pepe y Alfredo se lamentan de la amenaza de supresión de la ruta. Alguien les ha sugerido ya un nuevo destino en Monforte, aunque todavía hay esperanza. «Si dan un mal servicio, cómo quieren que venga la gente», afirma Pepe. Su colega Alfredo es portugués y se encarga de llevar el tren en el tramo luso, desde Tui hasta Oporto. «Si los gobiernos quisieran, el servicio no sólo se mantendría, sino que podría ir a más, porque hay demanda», afirma. También cree que buena parte de culpa de la baja ocupación del tren en su salida de Vigo la tiene la mala política comercial. Y razón no le falta, porque Carol y Edgar, una pareja holandesa que viaja a Portugal se enteró por Internet de que existía la conexión por tren. «En la agencia no nos informaron, y cuando llamamos a Renfe nos dijeron que teníamos que hablar con Portugal», aseguran. El comboio transita por su ruta eurorregional a una velocidad media de entre 80 y 120 kilómetros, según los tramos. Cuando el tren llega a Valença, se convierte en un auténtico comboio con la subida de más de 60 pasajeros portugueses, entre ellos un grupo de funcionarios que están recogiendo firmas para que la supresión de tramo Vigo-Valença no afecte a los horarios del resto de la ruta, tal y como estaba previsto. Parada a parada, el automotor va absorbiendo ciudadanos lusos hasta completar sus 160 plazas. El perfil apenas varía: estudiantes, gente mayor y turistas. La mayoría desconocen que el eurorregional está en peligro, tampoco les importa mucho. «Si el tren deja de funcionar, la culpa es de los españoles, no creo que el Gobierno portugués tenga nada que ver», afirma Rosaura, una ruda ama de casa de Famaliçao que va de compras a Oporto.