Los nuevos gallegos | Roxana Pulleso y Rafael Asensio MATRIMONIO URUGUAYO ASENTADO EN CARBALLO Llevan un año en Galicia, lugar del que lo único que les disgusta es el clima. La crisis los llevó a buscarse la vida, primero en Lyon y después en Vigo y en Bergantiños. Tienen cuatro hijos
13 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Cuando en el 2002 el corralito argentino se extendió como una enfermedad hasta Uruguay, atravesando el Mar del Plata, fueron muchos los que vieron cómo de un día para otro cambiaban sus vidas. Rafael Asensio trabajaba en una gasolinera en la que llevaba diez años. A él, como a casi todos, le cortaron el grifo. Roxana Pullesco era una de las 18 televendedoras de la entidad financiera Citibank. Tampoco se salvó. La crisis las dejó a todas en la calle sin avisar. Ella y Rafael Asensio están casados y tienen cuatro hijos. Así, sin ingresos, se buscaron la vida. Él como repartidor y también con la discoteca que llevaba con su hijo mayor, Federico, de 18 años; pero las cuentas no daban, como a tantos otros uruguayos, así que Rafael hizo las maletas y se fue a Europa buscando mejor suerte. Fue hace casi dos años. Su primer destino fue Lyon, de donde viajó a Vigo y poco después, a Carballo, localidad en la que viven hoy. La comunidad uruguaya en Carballo se acerca a las 450 personas. La casa en la que viven es un buen ejemplo del crecimiento de la colonia. Los tres pisos del edificio están ocupados por personas de la misma nacionalidad. Abajo, en la calle, al lado del portal, una tienda tiene en oferta mate de la marca Canarias , uno de los más consumidos en el pequeño país sudamericano. Roxana Pulleso cuenta que su marido llegó a Europa en el 2003 y que, diez meses más tarde, siguió sus pasos el resto de la familia. Florencia, Fernanda y Estefanía ya estudian en un colegio local y aseguran que les gusta estar en Galicia. Al resto de la familia también: «Aquí nos recibieron muy bien -cuenta Roxana-, pensé que iba a ser más duro». Su casa parece una pequeña colonia uruguaya. Son muchos los amigos de esa nacionalidad que se pasan por allí. Como los gallegos en la emigración, los uruguayos siguen en contacto y cierran filas. También han hecho migas con los gallegos. La clave la da Federico: «Si sales por ahí la gente se abre y se hacen amigos». Él vive también en Carballo, pero se irá de vuelta a Uruguay para trabajar como pinchadiscos. «Uno viene aquí con un único fin -dice Roxana-: encontrar trabajo». Lo encontraron. Su marido trabaja en un vivero y les va bien. En Carballo han encontrado algo que echaban en falta: tranquilidad. Eso sí, la morriña es algo que también se les aplica: echan de menos su país. Lo que peor llevan, con diferencia, es el clima, el frío y la lluvia. Y la comida tampoco ayuda en ese sentido: en Galicia no encuentran los ingredientes del popular asado y Roxana asegura que, por ahora, no entiende nada de pescados. Con todo, aseguran estar contentos en Galicia y, por ahora, con pocas ganas de moverse: «Cuando podamos regresar iremos sólo de visita».