Hace semanas, los vecinos alertaron al constructor de las grietas que había en sus viviendas Siete familias fueron desalojadas y seis han sido trasladadas a una pensión cercana
14 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.No llegaron a comer en sus casas, pero porque no les dio tiempo. Vecinos y curiosos se arremolinaban en la calle coruñesa de Orillamar. Miraban hacia el edificio, aunque los daños estaban en la parte trasera. «¡Tres semanas con grietas en toda la vivienda!», gritaba un hombre muy exaltado mientras un policía intentaba calmarlo. «¡Me da igual! -decía-, ¿ahora quién me va a impedir hablar?». Su nombre es Leoncio Fernández y hasta ayer habitaba en el bajo del edificio que se ha derrumbado parcialmente en la calle Orillamar. Ahora ha tenido que trasladar sus objetos personales a una pensión. Los hechos ocurrieron a la una y media de la tarde. Charo Tejada, propietaria del primero derecha, estaba en su cocina cuando de repente empezó a «oír ruido de cascotes». Asustada, llamó a Bellas Artes, «porque éste es un edificio protegido por Patrimonio Histórico». Como el estruendo aumentaba y ya empezaba a notar el movimiento del inmueble, llamó al Ayuntamiento. Allí la tranquilizaron, pero le dijeron «que abandonara inmediatamente el edificio». Y así lo hizo, no sin antes alertar a todos sus vecinos, que bajaron a la calle rápidamente. Poco después, sucedió. No hubo heridos, «pero por poco», comentó uno de los obreros, el palista, que estuvo a punto de ser aplastado por los cascotes que se desprendieron. Un lado de la fachada se vino abajo y, con ella, el calentador del piso de Charo Tejada: «Ahora están llamando a Gas Coruña para que corten el suministro», comentó a pie de calle. Avisos al constructor Así terminaron tres semanas de inquietud y de grietas. «Yo sabía que el muro de contención se iba a caer porque no dejaban de picar -explicó Leoncio Fernández-, y como cada vez aparecían más grietas, llamé a la policía». Una patrulla acudió a la zona, hizo su parte y avisó a Urbanismo. Y, mientras tanto, en el solar número 10 de Orillamar, los obreros seguían picando. Inquieto, Leoncio se dirigió al constructor, Juan Pérez Paz: «Le comenté lo que estaba pasando y me contestó que todo tenía arreglo». Según este vecino, «tendría que haber puesto una fijación al derribar el edificio anterior». Hasta un obrero comentó que, tras los continuos avisos de los ahora afectados, «se proyectaron medidas de seguridad». Mientras los desalojados esperaban a pie de calle (y de lluvia) a que alguien resolviera su situación, Javier Losada, concejal de Urbanismo, y cinco ediles más: Carmón Marón, Mar Barcón, González-Garcés, Aurora Moinelo e Iglesias Mato, se personaron en el lugar. «El promotor tenía licencia», dijo Losada, «pero se investigará qué ha pasado y de quién es la responsabilidad. Ahora lo importante es atender a las familias», añadió. De las ocho afectadas, una no vive en el inmueble, otra ha se ha mudado a otra casa y, las seis restantes, esperan en una pensión. Técnicos de Urbanismo visitarán hoy el edificio para estimar los daños.