Un traslado inviable

Pedro Arias PROFESOR DA UNIVERSIDADE DE SANTIAGO

GALICIA

No existe precedente mundial de cambio de ubicación de una fábrica de celulosa, una operación que tendría un coste inasumible para cualquier empresa

17 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Si desmontar y volver a instalar el complejo de Lourizán fuese realmente posible, no estaríamos abordando ningún problema. Simplemente se procedería a una especie de mudanza, un asunto económico de escaso relieve. Pero este tipo de fábricas no son trasladables, de hecho no existe ningún precedente internacional; nunca se ha trasladado una celulosa. La opción real es entre la continuidad de lo existente, completado y mejorado, o su desaparición a plazo fijo. Técnicamente, el 80% de esta industria es edificación e instalaciones fijas no susceptibles de ser desmontadas y reubicadas. Se trata de una cuestión meramente arquitectónica y de conocimiento de la ingeniería de sus equipamientos. Lo que significa que poner en funcionamiento una nueva celulosa con la capacidad de producción actual de Ence requeriría la inversión exigida por una fábrica nueva. Si se considera que la actual tiene un valor de 50.000 millones de las antiguas pesetas (300,5 millones de euros), el desembolso adicional, descontando las recuperaciones de material reutilizable, sería de unos 40.000 millones de pesetas. Necesidades sociales Esta cifra plantea un problema de inviabilidad para cualquier empresa. Supone además una pérdida de equipamiento social de gran importancia. Por su entidad, sería irresponsable plantearse que alguna institución pública dedicase tamaño nivel de fondos para un traslado, cuando existen otras necesidades sociales sin atender a las que habría que recortarle fondos. Tampoco puede pensarse en una solución mítica, de suponer que alguna entidad europea pagaría los costes del traslado. Estos recursos son cada vez más difíciles de obtener y, además, una subvención de este tipo entraría en supuestos de ilegalidad desde la perspectiva de la normativa de la competencia. Es impensable suponer que la Unión Europea se pondría a estas alturas a subvencionar el levantamiento de nuevas empresas no trasladables. Además, existe otra consideración. El hipotético desmonte de una fábrica con voluntad de recuperación de todos sus componentes llevaría al menos un año. Reconstruirla en otra ubicación exigiría al menos otro año adicional. En total, serían dos los años que la fábrica estaría dejando de suministrar a sus clientes actuales y durante ese tiempo otras compañías se harían con el mercado de Ence, que además es esencialmente internacional, sin que la empresa pudiera recuperarlo en su integridad. La pérdida de compradores, bien lo sabe cualquier agente económico, sería el desencadenante de la inviabilidad y del cierre. El caso alemán A finales del 2004 el canciller alemán Gerhard Schröder inauguraba una nueva celulosa en Sachsen Anhalt, en la antigua Prusia, que se ubicaba a orillas del Elba. Su gesto plasmaba la nueva política económica del Gobierno socialdemócrata y verde de Berlín. Se daban por finalizadas décadas de oposición a las celulosas y papeleras en el movimiento verde europeo. La experiencia de la oposición frontal a estas industrias revelaba que sus efectos habían sido contraproducentes. La búsqueda del perfeccionismo ecológico implicaba el parón industrial, pero sin salidas productivas los bosques se devaluaron, dejaron de cuidarse y se deterioraron. Por otra parte, Alemania se encontró dependiente de la importación de celulosa extranjera porque la demanda de papel seguía una senda ascendente. Tuvo que ser la crisis económica de comienzos del siglo XXI, los déficits presupuestarios, el crecimiento cero y el aumento vertiginoso del paro lo que forzara la revisión de sus concepciones. Se ha llegado a la conclusión de que es la integración inteligente, la aplicación de innovaciones, la comprensión de toda la complejidad inherente a la realidad económica y medioambiental la forma adecuada de entender unas industrias que forman parte de la cadena del crecimiento sostenible.