Un vecino de O Saviñao, ya fallecido, señaló a la Guardia Civil la presencia del célebre maquis O Piloto, que murió tiroteado en Chantada hace hoy cuarenta años
09 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Hoy hace cuarenta años que la Guardia Civil mataba al lado de la presa de Belesar a José Castro Veiga «O Piloto», el último guerrillero antifranquista que murió con las armas en la mano. A pesar del tiempo transcurrido, su vida y sus peripecias siguen rodeadas de misterio. Uno de esos secretos era el nombre del delator que permitió a las fuerzas de seguridad sorprender a un hombre acostumbrado a zafarse de las situaciones más comprometidas. Se llamaba Darío Vázquez Fernández, y murió el año pasado en O Porriño. Darío era el hijo de Ricardo Vázquez, el dueño de la casa en la que O Piloto entró a robar el 10 de marzo de 1965, sólo unas horas antes de que un guardia le metiese un tiro en la cabeza con un fusil de precisión. Los Vázquez vivían en la conocida como Casa do Souto, el apodo familiar, en la parroquia de Rebordaos (O Saviñao). No eran ni falangistas ni potentados, pero tenían una gran explotación ganadera. Gente de dinero, sobre todo para los cánones de la época. O Piloto lo sabía y llevaba tiempo visitándolos regularmente para exigirles dinero. Aquel día también les pidió que le diesen comida. Su llegada sorprendió al hijo de los Souto fuera de la casa. Allí esperó, hasta que el maquis salió con el botín. Darío lo siguió a distancia por el camino que lleva de A Bugalla a la parroquia chantadina de Pesqueiras, al otro lado del Miño. Cuando O Piloto cruzó por la carretera que pasa por lo alto de la presa de Belesar, su perseguidor entró en la central, y buscó un teléfono para avisar él mismo a la Guardia Civil. En pocos minutos habían llegado a las inmediaciones de la central guardias de Chantada y Escairón. Mientras, O Piloto se había detenido a comer lo que le habían dado en la casa de los Souto. Sentado entre unos árboles al lado de un arroyo, posiblemente ni siquiera se enteró de que sus veinte años de clandestinidad habían terminado. Un único balazo en la cabeza acabó con su vida. Unos meses después, Ricardo Vázquez, su mujer y sus hijos se marchaban de su casa de A Bugalla. Darío se fue a O Porriño. Allí encontró trabajo y se asentó definitivamente. Sus padres no se fueron de O Saviñao, pero dejaron A Bugalla y se establecieron con otros de sus hijos. «Alguien les recomendó que se marchasen de esa casa», explica Mario Vázquez, sacerdote de O Saviñao y actual secretario del obispo de Lugo. Mario es nieto de Ricardo y sobrino de Darío. Por aquel entonces, él era un niño, y apenas recuerda más que algunos retazos de las últimas andanzas de O Piloto. «Una noche me desperté muerto de miedo porque mi madre pensaba que venía O Piloto, pero resultó que eran unos guardias civiles que lo andaban buscando y que se habían apostado en el pajar de casa», cuenta. ?uando murió, José Castro Veiga acababa de cumplir 50 años de edad. Natural de O Corgo, había sido cabo de Aviación -de donde le vino su apodo- y combatió en la Guerra Civil con el bando republicano. Tras pasar varios años en la cárcel, se incorporó a las guerrillas antifranquistas entre 1943 y 1945 y participó en numerosas acciones armadas y sabotajes, llegando a dirigir durante algún tiempo la III Agrupación Guerrillera de Galicia. Cuando la mayoría de los fuxidos que no habían caído en combate dejaron las armas y se fueron al exilio, hacia 1950, O Piloto se negó a abandonar la lucha. Siguió viviendo oculto entre las comarcas de Lemos y Chantada hasta su muerte aunque fue perdiendo a todos sus compañeros de guerrilla, hasta quedarse solo. Sus acciones se fueron limitando cada vez más a robos y atracos, cuya única finalidad era la de asegurarse la subsistencia. Pasó también por largos períodos de inactividad en los que no se supo nada de él. Durante su larga clandestinidad mantuvo una relación sentimental estable con una vecina de O Saviñao, Ramona Curto, fallecida hace algunos años.