A la caza del gran tiburón blanco

Marta D. Brown

GALICIA

Un estado australiano ordena la muerte de un enorme escualo que devoró a un surfista de 18 años en una de las playas más populares del continente

17 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

El pasado jueves, un grupo de adolescentes australianos asistieron a la escena más espantosa que jamás hubieran imaginado. Iban en una barca arrastrando a Nick Peterson, un chaval de 18 años que se dejaba llevar montado en su tabla de surf, hacia la playa de West Beach. De repente, Nick y su tabla desaparecieron bajo las enormes fauces de un tiburón blanco, dejando únicamente un rastro de sangre. Ayer, las autoridades del estado australiano se afanaban en buscar al tiburón asesino sobre el que ya pende una sentencia de muerte. La ha firmado Kevin Foley, el gobernador de Australia Meridional, que ha decidido pasar por alto el hecho de que los tiburones blancos sean una especie protegida en el Estado: «La opinión del gobierno es que un gran tiburón que esté muy próximo a las playas y que suponga una amenaza directa para la vida humana debe ser destruido». De manera que la maquinaria del Estado se ha volcado en la caza del tiburón. Desde la muerte de Kevin, apenas han aparecido algunos pequeños restos humanos, que todavía no han sido analizados, aunque los avistamientos del tiburón ya han comenzado. La búsqueda se centra en un escualo de cuatro metros que las patrullas habían visto ayer cerca del lugar de la tragedia y sobre el que se estrecha el cerco. En cualquier caso, difícilmente ese escualo sería también el responsable de la muerte de un buzo de 38 años llamado Mark Thompson, que fue devorado mientras practicaba la pesca submarina casi en el extremo opuesto del continente australiano al lugar en el que ocurrió la tragedia del surfista. Thompson es ya la tercera víctima mortal este año de los tiburones en Australia. En julio, otro surfista fue devorado por un escualo por un tiburón del que los testigos dijeron que era «tan grande como un coche». ¿Se han aficionado los tiburones a comer humanos? Los expertos dicen que no, pero también alertan de una curiosa circunstancia: desde el fondo del mar y con la escasa vista de un tiburón, una tabla guiada por las manos de un surfista apenas se diferencia de la silueta de una foca, uno de sus bocados favoritos. El mar, su dominio Sea como fuere, la alarma social se ha disparado entre los surfistas a pesar de que la popular playa de West Beach no ha sido cerrada y del sorprendente alegato del último surfista muerto. En una emotiva ceremonia celebrada en la propia playa, según informa Reuters, Philip Paterson, el padre de Nick aseguró con una entereza inopinada: «El mar es el dominio de los tiburones. Yo no soy partidario de una eliminación ciega. Los tiburones deben ser admirados, apreciados y respetados. Nick lo sabía». Sin embargo, el gran escualo blanco que acabó con la vida de Nick tiene las horas contadas. Decenas de embarcaciones con licencia para matar lo están buscando.