El presidente afronta la recta final de la legislatura mimando el frágil equilibrio entre los dos sectores del PP que dinamitaron la pax fraguiana que invocó para ser aspirante
14 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?anuel Fraga alcanza hoy el tercer año de su cuarto mandato, el más convulso desde que hace quince retornó a Galicia, con la vista puesta en unas elecciones autonómicas a las que concurrirá a punto de cumplir 83 años. El líder del PP gallego aborda el tramo decisivo de una carrera en la que se ve abocado a competir con todos. Contra sus rivales políticos, pero también contra la guerra sucesoria abierta en su propio partido y, sobre todo, contra el tiempo. El triunfo socialista en marzo y la marcha atrás del presidente en su decisión inicial de no presentar una candidatura que él mismo descartó como contra natura han marcado el penúltimo curso de la legislatura. El revés de Rajoy y la entrada de Zapatero en la Moncloa despejaron el camino de Fraga para optar al quinto mandato. Rajoy dejó hacer. Y Zapatero le dio un empujón, asumiendo el compromiso de llevar a la práctica las tesis autonomistas (Conferencia de Presidentes, reforma del Senado, presencia de Galicia en el Consejo de la UE) que Aznar despreció. Garante de la unidad Pero Fraga apuntó otra explicación a su cambio de planes, al presentarse como garante de la unidad interna de un PPdeG que, desde la defenestración de Cuíña en enero del 2003, libra la batalla definitiva por el control del partido. Ni el nombramiento, por primera vez en quince años, de dos vicepresidentes evitó la crisis más grave del PPdeG. La revuelta organizada por Baltar, con la implicación de Cuíña, y la réplica dirigida por Rajoy tras el congreso regional evidenciaron el ocaso del poder conciliador de Fraga entre los dos sectores de su partido. El patrón tuvo que posponer ante Rajoy el relevo de Palmou que había pactado con Baltar para este mes. Del mismo modo, en el congreso del PP coruñés, retiró su apoyo a Almuíña para ceder la dirección del partido en la provincia a Madrid, con la mediación decisiva de Romay. Fraga trata de contentar a todos para mantener su cartel. Después de dejar para la historia la imagen de su desfallecimiento en el pleno de política autonómica, su reto es volver a llenar de gaitas el Obradoiro dentro de un año.