La Xunta concede este galardón a los universitarios con mejor trayectoria académica en la facultad, aunque cada uno de ellos esconde su particular historia
07 dic 2004 . Actualizado a las 06:00 h.?on los 47 mejores estudiantes de las universidades gallegas del pasado curso. Al menos oficialmente. Sus expedientes están plagados de sobresalientes y matrículas de honor. Son los premios fin de carrera de la Xunta, pero detrás de cada expediente brillante hay una historia diferente. Historias incluso curiosas. Como la de Olalla Martínez, diplomada en Enfermería en Santiago. No pudo entrar en la Facultad de Medicina porque su nota media no era suficiente: «Siempre fui de notable porque tampoco me esforzaba mucho. Nunca pensé que lo que hicieses a los catorce años acabase influyendo en la carrera». Pero Olalla quería estudiar Medicina y puso todo su empeño en alcanzar un expediente que le permitiese acceder a esta carrera dentro del cupo de titulados, en el que sólo hay cinco plazas. Lo consiguió. Entrar en la facultad y conseguir el premio fin de carrera. Ahora lo tiene muy claro, quiere ser forense. Como ella, otros 46 jóvenes han sido premiados con esta distinción y con 2.404 euros. La mayoría, 24, pertenecían a la Universidade de Santiago, doce a la de A Coruña y once a Vigo. Un buen expediente abrillanta el currículo y abre el camino a los estudiantes que quieren seguir en la facultad, pero los que optan por el mercado laboral no lo tienen tan fácil. Y si no que se lo pregunten a Camino Sánchez, una joven licenciada en Ingeniería Naval y Oceánica. «Lo de encontrar trabajo lo veo muy mal», señala. Por el momento sólo le han ofrecido becas y condiciones laborales precarias, pese a su expediente, y tampoco cree que el premio fin de carrera le abra demasiadas puertas en la empresa. Lo cierto es que muchos de estos jóvenes continúan investigando en la facultad, como hace Gabriel Rodríguez, de Ingeniería Informática. Ahora está haciendo el doctorado y le gustaría quedarse en el centro. Siempre lo han acompañado las buenas calificaciones, pero aun así le da la risa cuando se habla de chapones. «Yo no tengo queja, a mí me ha dado tiempo de hacer de todo durante la carrera». No todo son sobresalientes en la trayectoria de estos premios fin de carrera. Beatriz Vizcaíno, licenciada en Traducción e Interpretación, tuvo un suspenso y «eso sí que fue una sorpresa». No porque no conciba suspender, sino porque era un examen en el que no se esperaba un insuficiente. Ahora hace el doctorado, pero no quiere quedarse ahí y ya está pensando en ponerse a trabajar. En esta ocasión, los 47 han obtenido un merecido premio.