Shan-e-jahan Delwar Jahid dejó Bangladesh forzado por las amenazas. Seis años después, su hijo Tanvir se reunió con él en Galicia. El periplo del padre lo ha llevado ahora a Canadá, pero él quiere quedarse aquí
26 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.El lío familiar en el que vive Tanvir Hasan desde hace cuatro años se extiende desde Bangladesh a Canadá. Hasta allí se ha desplazado su padre, Shan-e-jahan Delwar Jahid, en la última parada del viaje que emprendió hace más de diez años, cuando decidió salir de Bangladesh por la presión que sufría a raíz de su compromiso con la defensa de los derechos humanos desde el periódico en el que trabajaba. Las amenazas de muerte se le hicieron insoportables. Tanvir tenía entonces doce años. Vio partir a su padre hacia un exilio que lo llevaría a Arabia Saudí, Alemania, Francia, Holanda, Portugal y finalmente España. Padre e hijo no se volvieron a abrazar hasta seis años más tarde, cuando en junio del 2000 se reencontraron en Pontevedra. Todo fue bien hasta que el padre fue invitado a Canadá para colaborar con una universidad. Ahora, la falta de papeles le impide volver a Pontevedra. Tanvir sueña con abrazarlo otra vez el día que reúna en Galicia a toda su familia, donde regenta una tienda de prendas orientales en Pontevedra. La suerte que ha corrido la familia de Tanvir es dispar. Sólo él y uno de sus cuatro hermanos ha logrado legalizar su situación. Desde Canadá, su padre trata de que todos puedan establecerse definitivamente en Pontevedra. «Hablamos mucho por teléfono», explica Tanvir. En una de esas conversaciones, Elma, de 19 años, una de las hermanas de Tanvir, le dio a su padre la noticia de que se iba a casar. Él no pudo asistir a la ceremonia. De hecho tampoco pudo estar el novio. Elma y su marido lo son también gracias al teléfono. Cada uno a un lado de la línea, ella en Pontevedra y él en Bangladesh, decidieron unir sus vidas. Fue el pasado 25 de marzo. Desde entonces, marido y mujer no se han visto. Temen que si Elma acude a verlo se produzca la misma situación que mantiene a su padre apartado del seno familiar. Pese a todo, Tanvir sonríe continuamente. «Quiero vivir aquí para siempre, en Pontevedra», confiesa. En sus planes de futuro está la tienda que ha puesto en marcha en unas céntricas galerías de la ciudad. Cuando no le toca a él atender el negocio, aprovecha para asistir a clases de inglés en la Escuela de Idiomas. «Ahora mi vida está aquí, me gustaría volver a Bangladesh, aunque sólo de visita. Quiero hacer mi vida en Galicia, la gente me ha tratado muy bien», comenta Tanvir. A sus 22 años todavía no piensa en formar una familia en la esquina del mundo que ha elegido para establecerse, ni en estrechar lazos más allá de alguna buena amistad en círculos gallegos. «Es muy diferente, no puedes saber cuándo viene alguien a tu vida, en estos momentos estoy muy ocupado con la tienda, aún no he levantado todo lo que tengo que levantar», reflexiona Tanvir.