La vista está puesta en holandeses y alemanes, que han logrado captar casi la quinta parte de las nuevas construcciones de buques, con una política flexible y una técnica modular
15 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Nos habían advertido de que Jaap Kroese disparaba sin desenfundar, que no rehuía nunca el cuerpo a cuerpo. Pero no nos previnieron de su arrolladora hospitalidad: él mismo nos recibió en la entrada de su astillero, el Swan Hunter, que adquirió en 1995 por cinco millones de libras esterlinas con el propósito de dedicarse a la construcción de plataformas petrolíferas. Toma el té en una taza decorada con una silueta de Spiderman, y de su paso por un ingenio azucarero en Argentina le queda un afecto lejano por aquellos gallegos con los que compartió fatigas y un conocimiento del español para defenderse. «¿Vienen de Ferrol, dicen, de Ferrol del Caudillo?», bromea, y nos sugiere que le esquematicemos la situación de la ciudad. «Si toda una comarca depende de sus astilleros -afirma sin dudarlo-, deberían establecerse excepciones a las normas europeas. Los alemanes han recibido muchas ayudas económicas y siguen trabajando. Aquí mismo hay astilleros que han vuelto a construir barcos. Si hay que devolver las subvenciones por la gestión del Gobierno, que pague el Gobierno; en Italia pagan los bancos con una hipoteca sobre el astillero. Los Gobiernos siempre actúan igual, siempre están lejos de los sitios donde se producen los problemas. Pero aquí los parlamentarios son de esta zona y corren el riesgo de que no los voten. Sin embargo, en Francia, en Holanda o en España siempre los vuelven a elegir». El empresario holandés lo tiene claro: es preciso hacerse oir por la Administración. «Cuando tengo algún problema y necesito hablar con el Gobierno, se lo hago saber y antes de una semana me reúno con Blair o con alguno de sus ministros». En la pared de su despacho luce enmarcada una carta del presidente del Ejecutivo británico dirigida a él. Respuesta del Gobierno Reprueba las movilizaciones violentas y previene sobre sus efectos negativos al poner en contra a la opinión pública. «Me altera ver que se montan barricadas y se incendian neumáticos. Creo que no es la forma correcta de resolver el problema. Hay que plantear el asunto de modo que al Gobierno no le quede más remedio que dar una respuesta, que la gente vea que si se calla se está desentendiendo del futuro de muchas familias». Insiste en que no hay soluciones universales, en que para salir adelante es imprescindible la flexibilidad para adaptarse a las necesidades cambiantes del mercado. En su opinión, los astilleros europeos «tenemos que hacer como los alemanes y los holandeses, que captan alrededor del 20% de los contratos de nuevas construcciones de barcos que se proyectan en todo el mundo. Pero no de barcos grandes, que esos los hacen en Extremo Oriente con salarios de dos euros por hora cuando en Europa no bajan de quince». Su astillero ha vuelto a admitir a aprendices, algo que se había abandonado hace décadas. Confía en la formación de sus empleados y constata que «la gente que está empleada en los astilleros tiene más de cuarenta años». A lo largo de la entrevista apunta en varias ocasiones que en el modelo de construcción naval modular, un sistema que es conocido en los astilleros de Ferrolterra, y en los barcos de mediano porte, está el futuro. «Tenemos que hacer como Ikea, barcos por piezas con la colaboración de otras empresas próximas, compartiendo tecnología e información, acudiendo a concursos asociados a otros astilleros». En su opinión, el sector offshore está ahora algo mejor que hace dos o tres años, porque el encarecimiento del crudo lo favorece, «pero ya nunca habrá bastante. Aquí hay otro astillero que se dedica a ese sector y ahora está sin trabajo». ?omo todos, Jaap Kroese tiene los ojos puestos en el gran contrato que sacará a concurso el Ministerio dle Defensa para renovar la flota.