Crónica | Cuando Galicia se alzó contra el Gobierno central Galicia se levantó contra el Ejecutivo central, en 1932, por la suspensión de las obras del ferrocarril entre Zamora, Ourense y A Coruña 4 líneas
24 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Para los que dicen que la historia se repite, bueno será recordar lo que ocurrió en Galicia en marzo de 1932 con motivo de la suspensión por el Gobierno de las obras del ferrocarril Zamora-Ourense-Santiago. El movimiento de repulsa, encabezado por los representantes de Ourense, fue tal que se declaró la huelga general en la provincia ourensana, dimitieron numerosas autoridades de varias ciudades gallegas y los diputados a Cortes amenazaron con dejar el escaño si no se reanudaban las obras. Al final, ante tanta presión, el Gobierno cedió y las obras se reanudaron. Esta es, en síntesis, su historia. Al conocerse el proyecto de ley del Gobierno sobre el presupuesto para diversas obras públicas y ver que en su articulado no se incluían las del ferrocarril Zamora-Ourense-A Coruña, vital para el desarrollo de la región y que era una vieja aspiración gallega para romper el aislamiento con el resto del país, la Casa del Pueblo de Ourense declaró la huelga general, produciéndose diversos desórdenes en la ciudad de As Burgas, que fueron reprimidos con dureza por la fuerza pública, resultando varios heridos graves. El 23 de marzo, La Voz informaba, con destacados caracteres, en su primera página, de la dimisión de numerosas autoridades y entidades económicas de Santiago, Pontevedra, Vigo y otras ciudades gallegas. Destacaba el periódico la carta enviada por el diputado galleguista por A Coruña Antón Villar Ponte, donde, tras lamentar la precipitación de la huelga, reconocía: «Galicia tiene pagados sobradamente los ferrocarriles de que carece. Esto sí que resulta incuestionable». En Santiago se formó una comisión de «fuerzas vivas», liderada por el primer teniente de alcalde, Juan Pasín, la cual se desplazó a otras ciudades para solicitar apoyos. Se constituyó, asimismo, una Junta de Defensa del Ferrocarril, que presidía el alcalde, López Pol. Los mismo se hizo en Vigo y Pontevedra. Ese mismo día, el diputado por Ourense Basilio Álvarez (al que Castelao definió como «una tempestad envuelta en una sotana»), interpeló al Gobierno en las Cortes, advirtiendo de que, de seguir así, en Galicia podía pasar cualquier cosa. Algunos diputados no gallegos propusieron algo así como que si se quería el ferrocarril Zamora-A Coruña debían de pagarlo los interesados. Criticó, también, Basilio Álvarez al bando dictado por el gobernador civil de Ourense, que era, prácticamente, la implantación del toque de queda, pues además sacó a la Guardia Civil a la calle. Terminó diciendo el diputado: «Gobernador que ametralla al pueblo que trata de encauzar sus anhelos, incurre en caso de aurora boreal». Casares Quiroga, entonces ministro de la Gobernación, subió a la tribuna y aunque comprendió lo legítimo de la aspiración gallega, dijo: «Galicia, como otras regiones, tiene que darle a la República todo, sin pedir nada a cambio». Añadió que el niño herido gravísimo en Ourense lo fue por disparos de los huelguistas, no de la Guardia Civil, lo que le rectificó Basilio Álvarez, que dijo saberlo por los propios guardias que hicieron los disparos. La Voz informaba también de que los diputados gallegos a Cortes se unirían a los huelguistas si el Gobierno no daba solución al problema del ferrocarril. El 24 de marzo se celebró una asamblea en A Coruña, a la que asistieron, entre otros, el alcalde y los presidentes de la Diputación y de la Cámara de Comercio, con los diputados Villar Ponte y Pita Romero. Se daba cuenta, asimismo, de la dimisión de los concejales de Pontevedra y Vigo, así como de la declaración de huelga general en Lugo, durante 24 horas. También se informaba de la muerte en Ourense del niño herido grave en días pasados. Un dato curioso fue que la provincia de Zamora, ante la valentía de la protesta de Ourense, pensó en unirse geográficamente a aquélla. Al día siguiente, una comisión de diputados y representantes ourensanos llegaron a Madrid, siendo recibidos por el presidente del Gobierno, Manuel Azaña, quien les prometió arreglar el problema, aunque la huelga y los disturbios continuaron durante varios días más. Al final, el Gobierno modificó el proyecto de ley y añadió las obras del ferrocarril Zamora-Ourense-A Coruña al articulado de aquél. El diputado Basilio Álvarez, con su llaneza habitual, acabó diciendo: «O que non chora, non mama». Si bien el tren tardaría años en llegar.