El mundo a los cuatro vientos Un argentino descendiente de gallegos estrena en un teatro de La Plata una ópera basada en la «Sonata de primavera» de Ramón María del Valle Inclán
24 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Cuestión de sangre, de territorio heredado, de morriña por un padre que contó mil veces historias de su comarca natal. Son los ingredientes que despertaron en el director y autor musical argentino Jorge Fontenla la necesidad de dar a luz su primer ópera basada en uno de los textos de Ramón María del Valle Inclán, Sonata de primavera . El padre de Fontenla nació y vivió muy cerca de Vilanova de Arousa, el pueblo pontevedrés en el que naciera el célebre creador de los Esperpentos, allá por 1866. «Hay una cuestión de sangre, afectiva -dice el director-. Mi padre vivió a seis kilómetros de la casa de Valle Inclán. Un viaje a España, y en especial a Galicia, terminó de convencerme para poner en marcha este proyecto, un poco un homenaje a la memoria paterna y a mi propia sangre gallega». Padre e hijo El sábado, en el centenario Teatro Argentino de la ciudad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, se estrenó una de las escasísimas óperas de autor argentino, mejor dicho de autores argentinos, porque Jorge Fontenla puso la música y su hijo, Alejandro, escribió el guión basado en la genial prosa. Sin embargo, el sueño de Fontenla es que su ópera se represente en España, sobre todo en Galicia. Para allanarse el camino ha grabado en vídeo el estreno y su intención es enviar la película a los responsables de programación musical de distintos teatros y salas españolas. Valle Inclán publicó entre 1902 y 1905 sus cuatro Sonatas (de otoño, de estío, de primavera y de invierno) en las que narra las andanzas galantes del marqués de Bradomín, con pretensión de autobiografía y una prosa exquisita. Una suerte de Don Juan pero con «el héroe visto desde el espejo cóncavo», como gustaba al autor definir a sus personajes. Ahora, gracias a los Fontenla, Bradomín canta sobre un escenario y tiene coros y ritmos diferentes que acompañan sus frases grandilocuentes y amorosas. Dos años de trabajo empleó Jorge Fontenla en cumplir con este anhelo personal. El director casi se había resignado a dejar su obra para la posteridad, cuando recibió la llamada de Eduardo Rodríguez Arguibel, director del Teatro Argentino, que lo animó a ponerla es escena. Las autoridades del teatro platense decidieron acompañar el acontecimiento con una apuesta fuerte: tanto la función del sábado pasado como la del próximo serán gratuitas. El día del estreno, cuando la platea, en pie, lo ovacionó, en algún lugar de su memoria volvieron a hacerse visibles las postales de aquella comarca gallega que su padre le había contado una y mil veces. En cuanto a lo musical, Fontenla aplicó diversas técnicas compositivas: «No tengo un único estilo, sin aventurarme en los de vanguardia, que no domino. A veces me definen como impresionista, pero son opiniones un poco superficiales». Como director de raza, Fontenla le reserva un espacio importante en su ópera a los músicos. «La orquesta -cuenta- es un personaje más, se pliega a la palabra y tiene sus picos de expresión propia: cada acto tiene su preludio; hay un par de escenas de orquesta sola y una de orquesta y coro». Alejandro Fontenla, autor del libreto, define esta pieza -cuya acción transcurre durante la Semana Santa en Liguria, cuando todavía era una ciudad pontificia, a mediados del siglo XIX- como «un escenario de claroscuros, donde se pone en contraste la severidad del canon religioso frente a los impulsos del culto mundano, como marco a la historia trágica que allí tendrá lugar». El sábado, el espíritu gallego se subió a escena en Buenos Aires: el marqués de Bradomín cantó por primera vez.