El mundo a los cuatro vientos La nave privada «Space Ship One» abre una nueva era orbital al elevarse a una altura de cien kilómetros por segunda vez en cinco días. Con su hazaña ganó diez millones
04 oct 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Los vuelos privados al espacio están cada vez más cerca de salir de la ciencia ficción para colarse en nuestras vidas diarias. El Space Ship One , una nave diseñada por el pionero de la aviación Burt Rutan y financiada por el multimillonario cofundador de Microsoft Paul Allen, consiguió ayer elevarse a 114 kilómetros de distancia de la tierra (un poco más allá de lo que está considerado como el límite del espacio) y regresar sin contratiempos, tras un vuelo que duró 90 minutos. Con este viaje y con el que la nave realizó el pasado miércoles, el equipo consigue así ganar el premio Ansari X de 10 millones de dólares, que entrega la Fundación Ansari, dedicada al desarrollo de la investigación espacial privada. El reto que proponía el concurso consistía en construir una nave espacial, enviar en ella a tres tripulantes, conseguir que llegaran al límite del espacio dos veces en un intervalo de dos semanas y regresar sanos y salvos en un intervalo de dos semanas. La fecha límite que daba la fundación era el próximo 1 de enero y, aunque se habían apuntado 24 concursantes, el proyecto de Paul Allen era el único que había sido capaz de hacer vuelos tripulados. Entre los testigos de la hazaña estaba Richard Branson, el dueño de la aerolínea Virgin, quien anunció recientemente que su compañía ha firmado un contrato para asegurarse los primeros vuelos comerciales al espacio en aparatos inspirados en el diseño del Space Ship One . Según Branson, unos 3.000 astronautas podrían viajar al espacio y experimentar la ausencia de gravedad de aquí a cinco años La aventura comenzó el pasado miércoles, cuando el avión White Knigth lanzó al espacio a la Space Ship One construida por la empresa Scaled Composites y tripulada por Mike Melvill, que llegó hasta el límite de los 100.000 metros y, tras una brusca maniobra, giró sobre sí misma para descender en una impecable recta hasta la Tierra. Ayer, en cambio, el vuelo de la nave fue mucho más suave. El lanzamiento se produjo desde el aeropuerto de Mojave (California), desde el que despegó la White Knight , que una vez alcanzados los 15.500 metros de altura, dejó en libertad a la Space Ship One , que triplicó la velocidad del sonido para llegar hasta los 114 kilómetros de distancia de la Tierra y regresar. Esta vez el tripulante era Brian Binnie, un experimentado astrounauta de 51 años. La carrera del hombre hacia el espacio ha tomado un nuevo giro en los últimos cinco años, no sólo a través de la financiación de proyectos privados que buscan impulsar la investigación en ese sentido si no también a través de la inclusión de turistas de a pie en vuelos antaño reservados a los astronautas. Los millonarios Denis Tito y Mark Shuttleworth han sido los dos primeros turistas en viajar al espacio, tras pagar 20 millones cada uno por un asiento en la nave rusa Soyuz , que viaja periódicamente a la estación espacial MIR. Para conseguir ocupar el tercer asiento de la nave es necesario, además de pagar esos 20 millones de dólares que tanta falta le hacen a Rusia para financiar su parte de la estación espacial, someterse a estrictos controles de salud. Recientemente, el millonario norteamericano Gregory Olsen fue rechazado para el viaje. Más premios Pero lograr que los vuelos privados espaciales sean una realidad en la próxima década parece ser el objetivo de varias fundaciones y filántropos, como el millonario Robert Bigelow de Las Vegas, que ha instaurado el America's Space Prize, que pagará 50 millones de dólares a quien sea capaz de poner en órbita a siete astronautas antes de que finalice esta década. Ése es el premio que intentará conseguir el proyecto canadiense Da Vinci Project, que en un principio aspiraba a llevarse el Ansari X.