Las inversiones prometidas tras la tragedia del «Prestige» suponen una oportunidad para que Galicia equilibre sus niveles de renta con la media española y de la UE.
26 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Los datos sobre la evolución de la economía de Galicia en el período 1995/2003 muestran que hemos crecido de forma sustancial, pero significativamente menos que la media española, y que estamos aún alejados de los territorios más dinámicos de España. En los años recogidos por la serie 1995/2003 de la Contabilidad Regional, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), la tasa de crecimiento acumulada del PIB para el conjunto de España fue del 29,8%, mientras que en Galicia fue del 24,3%, casi seis puntos por debajo. Expresado en medias anuales, España creció a un ritmo del 3,2 y Galicia lo hizo al 2,6%, un diferencial negativo que repitió en todos los ejercicios de la serie. Por eso Galicia se encuentra entre las comunidades autónomas que registran un menor crecimiento. En el período 1995/2003 fue la tercera comunidad por la cola, sólo por delante de Castilla y León y Asturias. Las diferencias con los territorios más dinámicos son enormes: Murcia creció un 39,1% (casi 15 puntos más que Galicia), y diferencias semejantes se dan con la Comunidad Valenciana, Andalucía, Madrid, Navarra, Canarias, Cantabria e incluso Extremadura, que con crecimientos por encima del 33% superan en casi diez puntos a Galicia. La consecuencia inmediata de esta tasa de crecimiento más baja es que nuestra comunidad pierde peso en la economía española. En concreto, en el año 1995 Galicia aportaba el 5,6% del producto interior bruto (PIB) de España; ocho años después, en el 2003, la aportación al PIB sólo es del 5,3%. ¿Convergencia o divergencia? La consecuencia del menor crecimiento que reflejan los datos del Instituto Nacional de Estadística es que Galicia no converge hacia los niveles de riqueza y renta del conjunto de España. En 1997, el producto interior bruto por habitante de Galicia equivalía al 80,6% del valor medio de España. Entonces nuestra comunidad se situaba en tercer lugar por la cola, y sólo estaba por delante de Extremadura y Andalucía. En el 2002 la situación relativa (esto es, en términos comparados) empeoró, ya que el PIB por habitante bajó hasta el 79,6% de la media española, un punto menos que hace cinco anos. Galicia sigue ocupando el mismo lugar: es la antepenúltima comunidad en nivel de riqueza por habitante. Y ello, a pesar de que el declive demográfico que sufre Galicia reduce el número de personas entre las que repartir la tarta social e infla de forma perversa las magnitudes per cápita. Este diferencial negativo aparece también cuando nos comparamos con la Unión Europea. Según él ultimo estudio de Eurostat, tras la última ampliación de la UE a 25 países, Galicia se encontraría aún en el 76% de la media europea; a pesar de que los nuevos miembros han bajado significativamente la media, dado sus bajos niveles de renta (la práctica totalidad estaba por debajo del 75% de la media de la UE de 15 miembros). Cuando se analiza la participación en el PIB total de España, el nivel de empleo o la renta por habitante, se comprueba que Galicia no converge sino que, al contrario, diverge, se aleja de la media española. Dicho de otra forma, cada año que pasa perdemos peso económico y demográfico. Las razones de esta peor evolución de Galicia son varias y complejas. Sin entrar en un análisis más detallado, hay que buscarlas en las debilidades de la estructura económica gallega, en la insuficiencia de las políticas de reequilibrio territorial tanto española como europea y en la incapacidad de la Xunta de Galicia para impulsar la competitividad de la economía gallega, a pesar de que gestiona un volumen de recursos muy importante desde hace años, por encima del 20% del PIB gallego. El Plan Galicia: revulsivo para el territorio Para cambiar esta tendencia y aproximarnos al nivel de renta medio de España, la condición necesaria es que la economía gallega crezca más que la española. Avanzar en la convergencia a un ritmo razonable pasa por que nuestro PIB crezca entre medio y un punto más al año que la media. En este impulso adicional de nuestra economía tiene que desempeñar un papel protagonista la inversión pública. Ésta incentiva la actividad económica en el corto plazo por su efecto multiplicador sobre el conjunto del sistema, lo que se traduce en mayores cifras de crecimiento. Pero los efectos más importantes son en el medio y largo plazo, en especial en territorios como Galicia, con déficits históricos de infraestructuras físicas y sociales, que sólo parcialmente fueron corregidos en los últimos años y que limitan la capacidad competitiva de la economía. Es ahí donde se encuentran las razones que explican los compromisos del Plan Galicia: impulsar la actividad económica para compensar los efectos del Prestige e incrementar el stock de capital público con una fuerte inversión en infraestructuras. Por eso es tan importante que los compromisos del Plan Galicia se transformen ahora en partidas presupuestarias concretas. No todo es responsabilidad del Gobierno central. Sin duda, es necesario que la Xunta apueste de forma más decidida por áreas clave como la educación, la investigación y las infraestructuras, intensificando esfuerzos en tres sentidos: Primero, incrementando los fondos dedicados en estas áreas en detrimento de otras de menor rentabilidad social. Segundo, condicionando la recepción de los fondos adicionales a un uso más eficiente de los recursos por parte de los agentes receptores (universidades o laboratorios). Tercero, introduciendo mayor racionalidad en la política de infraestructuras. Lo que implica establecer prioridades con perspectiva de país y por encima de intereses locales; así como apostar más claramente por la coordinación entre agentes públicos y privados en la gestión e interconexión de infraestructuras, en las actividades formativas y de investigación. Santiago Lago es profesor de Economía Aplicada en la Universidade de Vigo. Manuel Lago es coordinador del Gabinete Económico de CC.?OO. de Galicia.