Mónica, una joven leonesa, ganó unas oposiciones a maestra. Su misión: enseñar a los niños artistas del circo italiano de Álex Zavatta, de gira por Galicia
22 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Había una vez una profesora con alumnos payasos, equilibristas y domadores de pequeños ponis. Se llama Mónica y es la maestra del circo italiano de Álex Zavatta, un pequeño espectáculo familiar que recorre los parajes gallegos con sus diez familias de artistas y una gran carpa blanquiazul. Mónica, «la señorina», no se vino de tan lejos como sus pupilos, es de León, y en unas oposiciones se ha ganado el puesto de maestra itinerante. De la noche a la mañana, el ministerio le ha puesto delante a José (de quince años y equilibrista), a Tyron (con otras quince primaveras y hecho todo un payaso) y los pequeñajos Kimberly, Holler y Marcos. Una piña que se completará con la llegada de dos menores checoslovacos. Ninguno de ellos había pisado una escuela ni conocido profesores. Ahora tienen colegio caravana de nueve a dos y muchas matemáticas y lenguas por delante. La gran escuela «Si no son cinco niños en el circo, el ministerio no manda una maestra», cuenta Mónica. Ésa es la razón por la que el clan de los Zavatta nunca había tenido una escuela para sus pequeños. Ha cambiado la historia. A las nueve, Mónica llama al redil a los muchachos. «Kimberly o Marcos a veces se me marchan a otra caravana, quieren ir con sus madres», dice la maestra. Hasta ahí, parece un colegio normal: hacen murales con las hojas otoñales caídas, juegan en un ordenador nuevecito que hay en el aula, se balancean en sus pupitres de colores, suman y repiten una y otra vez que red es rojo y yellow amarillo. Más trabajo tienen los mayores, con años de atraso en cuestión de letras, y muchas ganas de lanzarse a las páginas de El Barco de Vapor y los Zipi Zape. Pero están en el circo. Toca recreo y los niños escalan árboles, cuerdas, dan volteretas o hacen malabares. «Me quedo de piedra cuando les veo», dice Mónica. Tiene gracia. Los niños le piden que hagan Educación Física (que, aunque nunca fueron al cole, sí saben lo que es bueno) y a la maestra no le queda otra que escaquearse como puede; ¿Qué les enseño yo, si saltan como monos, hacen mortales y de todo?», se queja la joven profesora leonesa. Por la tarde, más allá de los deberes, toca enfundarse el mono, ensayar y ayudar a montar el espectáculo. Hasta Kimberly, de tres años, sale a la palestra subida en un poni y animando a los niños a montar al animal. Mónica no se pierde las actuaciones, «voy de mi caravana casa a la carpa y viceversa», dice. La pasada semana tocó Dena y Vilagarcía, ahora Vilanova y en tres días con las artes circense a otra parte. Mientras tanto, ella prepara didáctica y se encomienda al Santo Job para «aguantar hasta junio de pueblo en pueblo». Le han ofrecido meterse en la caja de magia y probar a que la atraviesen cuchillos. No aceptó; «aún no pillé el truco y no sea que falle el mago y se monte». Pero está encantada. En 15 días, ya es de la familia del gran Álex Zavatta.