El representante de un grupo en defensa de los derechos de los padres separados, disfrazado como el superhéroe del cómic, vuelve a burlar la seguridad del Palacio Real
13 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.La seguridad del palacio de Buckingham, residencia oficial de la reina Isabel II, volvió ayer a quedar en entredicho al encaramarse en el balcón principal un individuo disfrazado de Batman para reivindicar los derechos de los padres separados. No es, ni mucho menos, la primera vez que se burlan los controles de la Casa Real. En noviembre del pasado año, el periódico The Daily Mirror infiltró a un reportero como lacayo de palacio durante la visita que el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, cursó a la reina. Jason Hatch, de 33 años, fue el hombre que protagonizó el último incidente. Hatch es miembro del mismo grupo de defensa de los derechos de los padres que hace tan sólo cuatro meses lanzó condones llenos de harina al primer ministro británico, Tony Blair. La policía, ante la segunda importante falta de seguridad en tan corto espacio de tiempo, intentó en vano convencer al manifestante, ataviado con el atuendo del superhéroe del cómic, de que se bajara de la residencia real. Horas después consiguió detenerlo. El grupo Padres por la Justicia explicó que la policía había amenazado con disparar a su frustrado cómplice, que iba vestido como Robin, el inseparable compañero de aventuras de Batman. Darly Westell, un portavoz de la asociación, explicó a la agencia Reutes cómo consiguieron sortear las medidas de seguridad de palacio: «Desviamos la atención en la puerta principal para permitir a Batman y Robin ir a la lateral con largas escaleras y escalar la verja. Luego, la policía amenazó a Robin con disparar si no se bajaba, lo que consideramos inaceptable, porque ésta es una operación pacífica». El manifestante vestido de Batman, sin embargo, consiguió su objetivo y ya encaramado en uno de los laterales del palacio desplegó una pancarta en la que se leía: «Super Papás de Padres por la Justicia luchando por vuestro derecho a ver a vuestros hijos». Puño en alto Jason Hatch, desde lo alto, levantó el puño repetidamente en señal de triunfo, sonriendo y saludando a un número de personas cada vez mayor que se congregaron para presenciar su hazaña. Su acción fue la última de una larga serie de actos realizados por Padres por la Justicia. El ataque contra Blair en el Parlamento hace cuatro meses causó una enorme alerta de seguridad, ya que obligó a cerrar la cámara y provocó cambios inmediatos en las normas de acceso a la Cámara de los Comunes. El grupo cree que los tribunales británicos están predispuestos contra los padres en los casos de divorcio, de ahí el origen de la protesta. En el momento del incidente, ni la reina, que pasa sus vacaciones estivales en Balmoral (Escocia), ni ningún otro miembro de la realeza británica se encontraban en Buckingham. Magnus Ranstorp, un experto en seguridad y terrorismo en la Universidad de San Andrews, explicó que el incidente es «casi inexcusable, dada la prominencia e importancia de la familia real». El Palacio de Buckingham lanzó una importante revisión de su seguridad después de que el diario Daily Mirror colocara a un periodista encubierto como empleado del edificio antes de la visita del presidente estadounidense, George W. Bush, en noviembre del año pasado. Asunto complicado Un portavoz de Blair dijo que acciones como la de ayer no ayudaban a resolver un asunto complicado. «Todo el mundo acepta que es una cuestión muy, muy difícil. Implica fuertes emociones y enormes sensibilidades y por ello tiene que abordarse de forma cuidadosa», declaró. La protesta coincidió con el juicio a un hombre, Patrick Davis, acusado de haber participado en el ataque con condones de harina a Tony Blair. Guy Harrison, que lanzó los preservativos, ya había sido multado en mayo con 1.700 euros tras admitir haber utilizado un comportamiento amenazante. Su cómplice negó los cargos que le atribuyeron.