Manfred Gnädinger, «Man», murió hace veinte meses en plena catástrofe del «Prestige». Pero su vida plantea todavía muchas preguntas.
08 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.Man, el anacoreta de Camelle, no sólo provocaba preguntas por su arte peculiar. También su estilo de vida, su origen y su muerte plantearon y aún plantean preguntas que todavía no se puede responder totalmente. Pese a la frase que solía repetir ante sus amigos: «Una vez que esté muerto vais a entender mi vida». Su origen Manfred Gnädinger nació el 27 de enero de 1936 en la villa de Radolfzell, cerca de Friburgo, en Alemania. Tenía siete hermanos de los cuales dos todavía viven en Radolfzell. Hoy, los miembros de la familia Gnädinger viven en una situación acomodada. Nada apunta a que tenían un hermano que murió en una chabola de cinco metros cuadrados al borde del Atlántico. Sus padres, Karl y Berta, ya no viven. Su madre murió muy joven. Karl se casó de nuevo con una mujer que «no era como las de aquí», tal y como cuenta una antigua vecina de la familia. «Era más bien una señora fina, no como la madre de Manfred, que era la típica ama de casa alemana.» Añade que Manfred posiblemente se llevaba mal con su madrastra. No se sabe todavía si esa fue la razón por la que un día volvió la espalda a su patria o si obedeció a otras causas. Los dos Manfred Man llegó a Camelle en el año 1961. Pasó los primeros años en un chalé de la nuera de la panadera alemana Eugenia Heim Haitcz. Iba a misa regularmente y pintaba cuadros sobre tela, que enviaba a concursos para obtener algún dinero. Después de unos años en Camelle, conoció a una profesora joven y muy simpática. Ella quería aprender alemán y pasaba mucho tiempo con él. Acabó enamorándose de la chica. Pero como en todos los cuentos de hadas, ella lo rechazó porque ya se había comprometido con el capitán de un barco. Man empezó a comportarse «como un barco que pierde el rumbo», dice Laureano Pose, un amigo. Empezó entonces una vida de anacoreta testarudo y peculiar sobre la escollera de Camelle. Así lo conoció todo el mundo. Su muerte Un año antes de su muerte, Man contó un sueño suyo que, ahora, pone la piel de gallina: soñó que el chapapote iba a cubrir toda la arena de la playa y el cadáver de una ballena negra emergía de las aguas. Manfred la enterraba con sus propias manos y allí mismo yacía para siempre su alma. Un chico del pueblo encontró al anacoreta muerto en su chabola el 28 de noviembre 2002, un mes después de que el fuel del Prestige había devastado su museo. Su vida todavía plantea muchos interrogantes.