Desde Alaska hasta Tierra del Fuego, o de Brasil a Filipinas, en todas partes se alzan cruceiros de granito como símbolo de identidad para los emigrantes
06 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.En un cruce de caminos (las avenidas Maipú y Guaraní) de la ciudad de Ushuaia, en la provincia insular de Tierra del Fuego, Argentina, se alza un hermoso cruceiro de granito gallego, tallado en la Escola de Canteiros de Poio, que tiene el honor de ser el más austral del mundo. Sus cinco metros de altura, aposentados en la Plaza Galicia, miran hacia el Canal Beagle. Más allá, la Antártida. Una inscripción, también en latín y castellano, añade poesía al asunto: «Galicia brila neste fin da terra». Una frase que, para la presidenta del Centro Galicia de Residentes Españoles, Manuela García Campos, «es de una gran emotividad para los gallegos que residimos en esta lejana tierra como para los turistas que la visitan, y lo homenajen dejando, a veces, una pequeña piedra con sus nombres». Este cruceiro, estrenado en las navidades del 96 en presencia del titular de la Xunta, Manuel Fraga, es uno de los casi 40 que se han ido sembrando por el mundo en los diez últimos años, la gran mayoría gracias a lo que hoy es la Consellería de Emigración. Pero también hay otros, en lugares lejanos, que se deben a la iniciativa privada, como el de Anchorage, en Alaska. Un gallego de Mesía residente en este Estado (el más extenso y norteño de Estados Unidos), el sastre Andrés Castro, explica que lo donó una empresa gallega tras la muerte de Félix Rodríguez de la Fuente, pues fue allí donde sufrió el fatal accidente de avioneta. Identidades Hay cruceiros casi en todas partes, porque en casi todas ellas hay un gallego. Decía Castelao que son la más pujante revelación de la espiritualidad gallega, y ya se sabe que en la distancia lo espiritual pesa más que lo material y una cruz ayuda a conservar identidades. De ahí que la Xunta encargue a los canteiros de Poio su elaboración y se envíen a medio mundo. El último envío llegó el 25 de julio, jornada en la que se inauguró el mayor de la familia hasta el momento. Fue en Fortaleza, Brasil. Diez toneladas y doce metros de alto para la cofradía más antigua del mundo. Ese mismo día, más cerca, se estrenaba el segundo cruceiro gallego de las islas Canarias. Situado en la entrada de la capital de Fuerteventura, Puero del Rosario, fue tramitado por la asociación cultural Alexandre Bóveda, foco de la emigración peninsular con inquietudes. Hay muchos más, y sigue la progresión. En la plaza de San Francisco de La Habana Vieja, Cuba, desde el año 2000. En la Universidad de Ciencias Empresariales de Buenos Aires. En Suiza. En Manila, capital de Filipinas, está el único que se ha enviado a un país asiático. Por ahora.