Agosto de overbooking a 1.300 metros de altura. En O Cebreiro desde hace semanas no queda una sola cama en el albergue (tiene 80 plazas), ni hostales, y las cuatro enormes tiendas de campaña que vigilan desde el monte al pueblo prerrománico a veces no son suficientes. Sólo en el alojamiento de peregrinos desde hace alrededor de cuatro meses resulta casi imposible encontrar un sitio donde tirarse a descansar. Rigores de la ruta. Ese panorama fue el que se encontraron ayer 30 estudiantes de las universidades de Sevilla, Salamanca y Autónoma de Barcelona, que comenzaron la andaina jacobea al pie de la iglesia de Santa María la Real. Allí marcaron su compostela con tres sellos, los que se marcan en la iglesia de la aldea con el dibujo del pueblo, la de la virgen y el cáliz del milagro, el mismo que da imagen a la enseña gallega. Esos universitarios son los primeros de una experiencia que se repetirá todos los lunes del mes de agosto, dentro de un programa de voluntariado con los estudiantes que han puesto en marcha la Xunta y las tres universidades gallegas, y que pretende compatibilizar el espíritu del Xacobeo con actividades a su llegada a Compostela; esa tarea va desde la recuperación de viejos molinos, fuentes, capillas abandonadas, gallineros... hasta trabajos de recuperación medioambiental. Pero eso no será hasta después del 7 de agosto, cuando está prevista su llegada al Obradoiro. Luego empezarán sus actividades. Deixa a túa pegada no Camiño se llama la experiencia que traerá a un centenar de jóvenes de nueve universidades. Esos treinta primeros durmieron ayer ya en Triacastela, a unos 28 kilómetros de O Cebreiro. Allí, en esa localidad, nada que no se repita en casi toda la ruta gallega: albergues que cuelgan el vuelva mañana, colas de hora para comer y pies magullados tras decenas de kilómetros desde el nacimiento del Camino en Galicia.