Diagnóstico: intencionado

Juan María Capeáns Garrido
Juan Capeáns SANTIAGO

GALICIA

Detrás de cada fuego en el monte hay una historia que intentan destripar los agentes encargados de averiguar las causas, que en menos del 10% de los casos son naturales.

21 jul 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

LLEGADA A LA ZONA CERO. La información de los testigos y de los primeros servicios que actúan en el siniestro permite reducir el área de trabajo al 25% de la superficie quemada (unas cuarenta hectáreas en el caso de Padrón). SEGUIMIENTO DEL FUEGO. Los agentes buscan indicios en cualquier elemento afectado para saber qué dirección siguió el fuego. Los datos visuales obtenidos se contrastan con las circunstancias meteorológicas registradas el día del incendio. ANÁLISIS DEL FOCO. Es extraño que los agentes no encuentren el foco del incendio -en este caso un talud junto a un camino-, aunque el fuego suele arrasar casi todas las pruebas. La colaboración vecinal es clave a partir de este momento. ?l monte, como ser vivo, también tiene sus policías y sus forenses, aunque la tentación de comparar el trabajo de José Ramón Pardo y José María Carlés con el de los protagonistas de una famosa serie de televisión es simplemente ridícula porque, a diferencia de las rubias asesinadas en Miami, «los incendios te hablan», según estos dos agentes forestales que llevan casi veinte años tiznándose la cara con el carboncillo que desprende la vegetación abrasada. La Voz acompañó a los dos profesionales durante la investigación de uno de los incendios más graves que ha sufrido Galicia este año. Tuvo lugar en la parroquia padronesa de Iria y el motivo para destripar este siniestro y no cualquiera de los 10.000 que probablemente se produzcan este año en la comunidad es la alarma social provocada, ya que se produjo a escasos metros de la autopista AP-9 y de varias viviendas, poniendo en peligro a cientos de personas. La lógica y la experiencia invitan a pensar en un incendio provocado por la mano del hombre con algún interés de fondo. De hecho, la Xunta asegura que el 90% son intencionados, pero Pardo y Carlés han investigado 54 casos en la zona de Padrón y Barbanza en los últimos dos años y no tienen motivos para pensar que alguno se produjera por causas naturales. Acotando espacios Los agentes suelen estar presentes en las tareas de extinción para obtener la máxima información del siniestro, pero no vuelven al lugar del crimen hasta que está completamente sofocado. Su percepción visual y la de los testigos les permite acotar el terreno que deben investigar hasta reducirlo al 25% de la superficie quemada. Después, ayudados por un GPS, un croquis y las huellas dejadas por el fuego van reduciendo el área hasta cerrar un espacio de 2.000 metros cuadrados en donde prendió el incendio. Los indicadores de dirección de las llamas (unas banderillas de colores) van cerrando el cerco hasta que el área se reduce al mínimo. A veces, una vela o varias cajas de cerillas atadas son un indicio inequívoco, pero la experiencia les dice que el arma más utilizada es un mechero aplicado en zonas de vegetación seca con un camino cercano para escapar. La primera parte de la investigación está completa. Ahora ya saben a dónde hay que ir a preguntar. Ya hay un dueño del terreno. Probablemente algún testigo en la aldea. Y seguro que hay un culpable.