El que fue cofundador del Exército Guerrilheiro do Pobo Galego Ceive, Antón Arias Curto, volvió ayer a la actualidad. Lo hizo encadenándose con dos de sus hermanos a los tubos de los radiadores de la primera planta de la Delegación de Hacienda en Lugo. Para contar a los periodistas el motivo de su protesta estableció exigencias: dos magnetofones con dos cintas, que se garantice que su problema saldrá con todo detalle los días que se encadene y con una llamada en primera página, y que en el suplemento dominical se le dé difusión al contenido del libro titulado Conversas con Antom Arias Curto , que entregó a alguno de los informadores. También solicitó la presencia en el lugar de los jefes de las ediciones de los periódicos. Tras algún tira y afloja, Curto -condenado en 1991 a 14 años de cárcel por pertenencia a banda armada, depósito de armas y explosivos y falsificación de documentos- contó, por encima, el problema que lo llevó a encadenarse. Él, con sus hermanos, era propietario de un taller en Monforte que, según su versión, fue adjudicado recientemente «polo tercio do seu valor real» a otra persona. Esta adjudicación la efectuó Hacienda como consecuencia del presunto impago de sanciones -52 millones de pesetas- impuestas tras unas inspecciones. Siempre según Arias Curto, el taller fue entregado en 15 millones de pesetas cuando su valor, considera él, es de 170. «Queremos que Facenda nos garanta o dereito de rectracto que vence hoxe», señaló. La versión de Hacienda en Lugo no pudo obtenerse porque su responsable no estaba en la ciudad. Pasadas las 15 horas, la policía cortó las cadenas y trasladó a la comisaría a los tres hermanos.