Norte y sur

La Voz

GALICIA

A CASCOS se lo ha comido la tierra. Su cara de Madelman se ha esfumado de los telediarios. Se ha desintegrado para todos menos para Magdalena Álvarez. Las firmas de Cascos estampadas en decenas de adjudicaciones de obras en el Boletín Oficial del Estado (BOE) tienen frustrada a la nueva ministra de Fomento. A los dos días de recibir la cartera de manos del asturiano proclamó su lamento más sincero: «Cascos ha comprometido un 98,4% del presupuesto de este año. Y para el año que viene está ya comprometido un 91%, y para el siguiente el 78%, y para el otro, que ya termina la legislatura, el 54%». A Magdalena Álvarez se le subió el nervio al imaginarse todo su mandato inaugurando obras impulsadas por Cascos a lo largo del norte de la Península, muy lejos de su tierra natal (Sevilla). Se vio sin margen de maniobra para manejar partidistamente -como han hecho y harán siempre ministros, conselleiros o alcaldes con el asfalto- un menguado presupuesto de Fomento. Política de carácter, dio la orden de alto a licitaciones de tramos de líneas de alta velocidad en el País Vasco, Asturias y Galicia. Pretendía tomarse un tiempo y establecer su propio modelo ferroviario. Su actitud provocó una crisis en las federaciones socialistas, especialmente, del País Vasco y de Galicia. Porque Patxi López, primero, y Emilio Pérez Touriño, después, tienen sendas citas con elecciones autonómicas en menos de año y medio. Y necesitan del impulso electoral que se le atribuye al cemento de la obra pública. Prueba de la dimensión de la crisis es que alguien tocó a rebato en el Gobierno de Zapatero, y la ministra del ramo se ha transformado en sólo una semana en otra ministra. Con una habilidad parlamentaria que ya es leyenda en Andalucía, el martes nos pidió perdón a los gallegos en el Congreso por su «falta de habilidad» para expresar su compromiso con el Plan Galicia, transformado de «señuelo electoral» en programa de infraestructuras. Dos días después, el jueves, llevó a Patxi López a su despacho para prometerle que habrá AVE a Bilbao y San Sebastián. La heredera de Cascos le recrimina con razón al asturiano que hubiese adjudicado proyecto y obra (la buena práctica recomienda hacerlo por separado) de muchos tramos de AVE en los meses previos a las elecciones de marzo, entre ellos diez de la línea Santiago-Ourense. Sin embargo, la forma no desautoriza el propósito del asturiano: conceder al norte las mismas posibilidades que al sur, dotándolo de infraestructuras para competir en igualdad de condiciones. Como Cascos se ha desintegrado, jamás se sabrá si llevaría a cabo las obras que comprometió con el norte. Pero si Magdalena vuelve a reencarnarse antes o después en la Magdalena de hace dos semanas, y desentierra otra vez a Cascos para exhibir la supuesta obsesión desmedida del asturiano con las traviesas, quedará la duda de si lo hace porque el norte no es el sur, donde disponen de AVE desde hace una docena de años.