Golpe de Lula a la prensa

GALICIA

DADO GALDIERI

El Gobierno brasileño expulsa del país al corresponsal de «The New York Times», que aseguró que la afición por el alcohol de su presidente es una «preocupación nacional»

12 may 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

«Luiz Inácio Lula da Silva no ha escondido nunca su gusto por un vaso de cerveza, un poco de whisky o más aún por un trago de cachaça». Así comenzaba la crónica que le ha costado la expulsión de Brasil al corresponsal de The New York Times en ese país, Larry Rohter. El Gobierno brasileño ha decidido cancelar el visado del periodista norteamericano en represalia por el artículo que publicó el pasado domingo, titulado El hábito de beber del presidente brasileño se convierte en una preocupación nacional. Un trabajo que provocó la indignación general y el rechazo unánime de la clase política del país latinoamericano. «Él debe estar más preocupado que yo. El Ministerio de Justicia es el que se pronunciará», había advertido Lula tras leer la polémica crónica del norteamericano. Efectivamente se ha pronunciado a través de una nota en la que califica el artículo de «liviano, mentiroso y ofensivo para la honra del presidente de Brasil» y asegura que ha causado un «grave daño a la imagen del país en el exterior». Por ello, considera «inconveniente» la presencia en Brasil de este veterano periodista casado con una brasileña. Pasividad del presidente Rohter se hacía eco en una larga crónica de la creciente especulación que relaciona el aparente distanciamiento y la pasividad del presidente ante los problemas del país con su desmedido apetito por el alcohol. El Gobierno izquierdista del antiguo obrero metalúrgico de 58 años se ha visto sacudido en los últimos meses por numerosas crisis, desde un grave escándalo de corrupción hasta su fracaso en la puesta en marcha de los prometidos y anhelados programas sociales. Asuntos trascendentales ante los cuales Lula se ha mantenido en un discreto segundo plano, dejando a sus colaboradores que den la cara. Aunque Rohter escribía que líderes políticos y periodistas criticaban en privado la desmesurada afición de Lula por el alcohol, que ponía en duda su capacidad para gobernar, sólo presentaba una fuente directa para basar sus afirmaciones. Era el testimonio del ex gobernador de Río de Janeiro Leonel Brizola, en la actualidad enemistado con el presidente, que decía que su antiguo correligionario político está «destruyendo las neuronas de su cerebro». «Le advertí de que las bebidas destiladas son peligrosas, pero no me escuchó y según se dice continúa bebiendo», decía. «No hay peligro, lo tengo controlado», habría respondido Lula. Errores antológicos El corresponsal citaba un artículo de Diego Mainardi, columnista del principal semanario brasileño, Veja, en el que aconsejaba a Lula que dejara de beber en público porque era «el mayor publicista de las bebidas alcohólicas». El periodista del diario estadounidense más reputado aseguraba que en las webs brasileñas se habla frecuentemente de «nuestro alcohólico presidente». «Las historias sobre episodios etílicos de Da Silva son legión», concluía. Daba cuenta también de que muchos brasileños atribuían al alcohol los continuos errores cometidos en discursos, como cuando se refirió por dos veces al presidente de General Motors como el de Mercedes Benz. Sin embargo, también dejaba oír la opinión del columnista de O Globo Ali Kamel que consideraba un «prejuicio» atribuible a su procedencia obrera insistir en que Lula bebe en público, cuando otros presidentes también lo han hecho. The New York Times ha considerado «correcto» el artículo de su periodista. Por su parte, políticos, abogados y periodistas brasileños criticaron su expulsión como una muestra intolerable de censura del primer presidente obrero de Brasil y referente de la izquierda latinoamericana.