Los últimos de A Cela

La Voz

GALICIA

FOTOS: MIGUEL VILLAR

10 abr 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

EN A CELA (Lobios) son cuatro familias de lunes a viernes. Los sábados, cinco. Los domingos, seis; vuelve a pasar el día el que trabaja en Ourense de lunes a sábado. Las bolas descomunales de granito de las laderas de la Serra do Xurés sirvieron de paredes a unos gallegos que, quién sabe cuándo, se asentaron allí. Casas adosadas a pelouros con vistas al valle de A Baixa Limia. Una innovación de la época para ahorrar piedra en una vida que, se le supone, tenía nulas comodidades y todas las miserias. A Cela ocupa los subterráneos del Instituto Nacional de Estadística (INE). En el censo de 2003, hay que buscarla entre las aldeas que no pueden contar a sus vecinos por centenas ni por decenas. Nada nuevo y muy propio de esta galaxia de la dispersión en la que vivimos en continua regresión demográfica. El mismo censo concluye que en Galicia hay 6.571 aldeas con menos de diez vecinos. ¿Desde cuándo seremos tan dispersos? La respuesta da vértigo. Según parece, desde hace cinco mil años. La proliferación de hallazgos de túmulos o monumentos funerarios y aldeas revelan que, en la prehistoria, ya se ocupó todo el territorio con unidades sociales minúsculas y dispersas, que sobrevivían del monte y el ganado. Ahora hay que buscar A Cela en los sótanos de la estadística, pero la aldea se acercó a la civilización con los mismísimos romanos, cuando hace dos mil años construyeron al fondo de la ladera la calzada Braga-Lugo. La vía empedrada no fue ninguna tentación para la huida, y las aldeas que había se quedaron donde estaban. Las mismas se las encontraron por toda Galicia y hasta el Duero los suevos, los visigodos y los demás que llegaron. Hasta ahora. Las tres decenas de miles de unidades de población que componen este país sobrevivieron incluso a las oleadas de emigración americana y europea. Pero se acabó. La emigración interior, la que empuja hacia las ciudades y villas intermedias, pondrá el cartel de cerrado a miles de lugares como A Cela. El proceso en marcha será el mayor cambio social en la historia de Galicia. Pero si sólo miramos hacia Marte, vamos perdernos la contracción de esta galaxia dispersa en la que vivimos.