Los tramos gallegos del Camino son desde el pasado viernes el escenario de Flecha Amarilla , un polémico programa de telerrealidad basado en la peregrinación jacobea y de mecánica similar a Gran Hermano o La isla de los famosos, que la productora Globomedia, dirigida por Emilio Aragón, prepara para la cadena vasca Euskal Telebista (ETB). El espacio, que se emitirá en julio, se graba desde hace dos semanas. Dos equipos de seis caminantes salieron entonces de Roncesvalles (Navarra) y Saint Jean Pied de Port (Francia), y seis supervivientes alcanzaron anteayer O Cebreiro (Lugo) en un grupo unificado. Sólo tres finalistas llegarán a Santiago, probablemente este viernes. El formato pregrabado impide que el público vote -los propios concursantes se eliminan entre sí-, pero la ETB planea que sean los te-lespectadores quienes, en directo, elijan el 25 de julio al ganador, que podría llevarse unos 18.000 euros. La Iglesia ya ha expresado su malestar por la banalización de la vertiente espiritual del Camino, y la Xunta se ha negado a facilitar en O Cebreiro la palloza en la que Globomedia pretendía hacer pernoctar a los participantes. Entre ellos hay caras conocidas, como el montañista Juanito Oiarzábal y el atleta Martín Fiz, ya eliminados, o el ex Gran Hermano Jacinto, de la edición que ganó el gallego Javito. Los concursantes, que no se distinguirían de cualquier peregrino si no fuera por la cohorte de cámaras que les persiguen, han sido sometidos a varias pruebas. En O Cebreiro, vestidos de bomberos, corrieron una carrera de obstáculos mientras les empapaban a manguerazos en una desapacible mañana de heladas y frío pelón. Globomedia se niega a facilitar datos sobre el concurso, pero su estrategia secretista ha tenido tres fallos. Uno, intentar que pase desapercibido un equipo de televisión que graba en una vía pública por la que pululan miles de verdaderos peregrinos. Dos, encomendar a un matón de pacotilla la tarea de evitar que se obtengan fotos. Y tres, montar las tiendas de campaña de los concursantes bajo la habitación en la que se alojan los enviados de La Voz.