En los asentamientos más conflictivos de la comunidad autónoma residen unos 1.700 ciudadanos, la mayoría de ellos desempleados o con nula experiencia laboral
28 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.En torno a 1.700 personas, un tercio de ellas de etnia gitana, habitan en cinco barrios que constituyen el paradigma de la marginación social en Galicia. Los datos cantan. Las tasas de desempleo son superiores al 50% y la actividad económica sumergida es norma. La mayoría de los chavales mayores de 14 años no van al colegio y entre los de menor edad abundan los que hacen novillos, los que callejean al tuntún e incluso los hay que jamás han pisado un centro escolar. El trapicheo de droga es una fuente de ingresos socialmente consentida, acaso por resignación, y en ocasiones incluso es justificada por los familiares y los vecinos de los camellos. Las cinco vergüenzas de referencia son O Carqueixo (Lugo), A Conlleira (Ribeira), Covadonga (Ourense), Penamoa (A Coruña) y O Vao (Pontevedra). Hay más enclaves míseros y más excluidos sociales -los cuales, según las fuentes, suponen entre el 1% y el 4% de la población galaica-, pero son casos y situaciones que en ningún caso han alcanzado la relevancia social de los cinco colectivos de referencia. Hoy por hoy y en Galicia, según los expertos consultados, los riesgos más graves de exclusión social se dan en el rural; en gran medida, puntualizan, debido al derrumbe de la economía agropecuaria propia del minifundismo. Vigo recicla sus barrios Paradójicamente, la urbe gallega más abigarrada y aparentemente más contradictoria, Vigo, es la única en la que cabe dar por erradicados los mal llamados barrios conflictivos. Ya son historia Bichita (Teis) y el viejo Coia, al tiempo que han dejado de ser pan de cada día la compraventa de drogas y los incidentes en enclaves como Cabral, O Gorxal, Rocío y As Roetas. El último barrio vigués en el que la marginación social era evidente es el casco viejo de la ciudad, sobre todo A Ferreiría (o barrio chino), pero el derribo de inmuebles en desuso, los elevados beneficios que renta la compraventa de solares y la construcción de viviendas e inmuebles de uso comercial están cambiando el paisaje y el paisanaje. La exclusión social en Vigo, que la hay, está geográficamente muy repartida y, por lo tanto, apenas es visible y no hay puntos negros definidos. En la desaparición de los viveros de la marginalidad viguesa ha tenido mucho que ver la probada vitalidad de la economía social olívica. De hecho, fuentes institucionales han reconocido que, amén de medidas e intervenciones policiales y asistenciales, la apertura de negocios y despachos profesionales en A Ferreiría y la llegada de familias jóvenes están revitalizando social y económicamente el barrio. En esa zona de Vigo, no obstante, existen naves destartaladas y abandonados inmuebles de uso administrativo que han sido ocupados por inmigrantes y nacionales con empleos precarios o parados. Pero las personas asociales son pocas y los incidentes, ocasionales Dos pájaros de un tiro Además de las de A Ferreiría (Vigo) y O Vao (Pontevedra), otra vergüenza que desaparecerá a medio plazo es la de Penamoa, en A Coruña, donde todavía residen 400 personas. La demolición será obligada cuando se construya el tramo del nuevo vial coruñés, pues el trazado de la tercera ronda atraviesa el enclave. A iniciativa del Ayuntamiento de A Coruña, una treintena de familias ya han sido realojadas, pero la piqueta difícilmente culminará el proceso a corto plazo, salvo que en los presupuestos del Estado se habiliten fondos suficientes para una obra con la que se podrán matar dos pájaros de un tiro, desatascar el tráfico y barrer miserias. Información elaborada con aportaciones de las redacciones de La Voz de Galicia de A Coruña, Lugo, Ourense, Pontevedra, Ribeira y Vigo.