El Puerto quiere cuidar la pesca, el ocio y los nuevos tráficos comerciales mientras se afronta la construcción de la dársena exterior
17 dic 2021 . Actualizado a las 21:13 h.México es el país que encabeza el ránking de las relaciones comerciales del puerto de A Coruña. Y la causa es bien sencilla: la refinería situada a las afueras de la ciudad se abastece mayoritariamente del crudo azteca. Se dibuja así la principal característica de la rada coruñesa, con una solidez y solvencia económicas muy vinculadas al volumen de tráfico que proporcionan las instalaciones de Repsol. Pero el puerto, con nueve kilómetros de muelles y más de un millón de metros cuadrados de superficie, es más que petróleo. En los últimos tiempos, las iniciativas pública y privada han ido completando las grandes infraestructuras de futuro. Eso hace posible que, desde ahora, la Autoridad Portuaria centre sus mayores esfuerzos en la dársena exterior, al tiempo que profundiza en los mercados tradicionales y en los que ha abierto de forma más reciente. ¿Cuáles son esos ámbitos? La pesca, por ejemplo. La actividad pesquera, histórica en A Coruña y vital por el empleo que genera, languidece desde los años noventa. Como gran paso para frenar la caída se ha construido una lonja totalmente nueva, que será inaugurada este viernes después de dos años de obras. La Autoridad Portuaria intentará que sirva para aumentar el número de descargas anuales y, además, para potenciar la comercialización de productos envasados. Mercancías estratégicas En el capítulo comercial, y al margen de Repsol, A Coruña cuenta con tráficos consolidados, como el carbón que abastece a la térmica de Meirama y los graneles agrícolas que surten a la cabaña ganadera. Una de las preocupaciones de los rectores del Puerto es diversificar el negocio y atraer mercancías estratégicas, de mayor valor añadido. Esta es una apuesta clara y, en el 2003, el segmento creció un 35% hasta situarse en 770.000 toneladas, merced al tirón del hierro, la fruta y la madera. El impulso a las nuevas líneas de mercancías es una baza de cara al puerto exterior. Langosteira recibirá en principio petróleo, carbón y graneles. Sin embargo, cuando llegue el traslado, en el año 2013, la Autoridad Portuaria espera haber asentado estos otros tráficos, que tendrán en los nuevos muelles mayores facilidades operativas. Para ello, entre las previsiones de la institución para este año figuran la construcción de una rampa ro-ro en el Centenario y el inicio de la actividad en la terminal de contenedores. Pesca, petróleo y otras mercancías son, por lo tanto, tres de las cuatro patas que sostienen al puerto de A Coruña. La cuarta es el ocio. Los muelles abrazan por la cintura a la ciudad y ésta pide paso al otro lado de la muralla. Así, el tráfico de pasajeros batió su récord en el 2003, con 42.644 cruceristas, y se han creado nuevas áreas de náutica deportiva en la Marina y Oza. La culminación de este modelo se producirá a finales de año, con la apertura del palacio de congresos y del centro comercial y hostelero que proyectó Ricardo Bofill en el muelle de Trasatlánticos. Será el principio de la caída del muro que separa al puerto de la trama urbana. El final lo veremos allá por el 2015. El peso de la actividad industrial se mudará a Langosteira y los coruñeses habrán ganado un espacio de privilegio en el corazón de la ciudad.