El dúo de cantantes rusas t.A.T.u. que logró la fama gracias a sus apasionados besos en escena declaran ahora que tienen novio y que su sexualidad era una «pose artística»
13 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Lena y Yulia se han cansado de darse besos de tornillo falsos. Así levantaron el primer vendaval mediático en el 2002: uniendo sus lenguas en su polémico primer vídeo y proclamando luego que eran pareja. Pero el comienzo de t.A.T.u. fue un poco menos romántico. El dúo fue un proyecto de Ivan Shapovalov, un productor televisivo ruso que decidió formar un grupo de chicas a través de un multitudinario casting en Moscú durante 1999. Las seleccionadas fueron Lena Katina (nacida en 1984) y Yulia Volkova (1985). Shapolavov quería conquistar el recién nacido mercado discográfico del este. Y el empresario moscovita sabía que, desde que la música es un negocio, el escándalo siempre ha sido el camino más fácil hacia las ventas. La historia era relativamente novedosa para el circo del pop: dos adolescentes (menores de edad, por tanto) que son lesbianas y se enamoran. Bajo esta premisa, Shapovalov puso la primera piedra al escribir en la biografía de Yulia (la de pelo corto) que había sido expulsada de un grupo infantil (presuntamente llamado Neposedy y en donde también presuntamente cantó Lena) «por comportamiento obsceno e intentar corromper a otras cantantes». «Papi, mírame» La primera prueba comercial de t.A.T.u. tuvo lugar en territorio ruso, en donde en el 2001 habían firmado por Universal Music. Su debú dio en la diana: más de un millón de discos vendidos. Tras el éxito a escala local, la multinacional lanzó al dúo a escala mundial a través de un vídeo que rápidamente les proporcionó espacio en las televisiones, periódicos y radios. Bajo el título de All the things she said , las dos amigas escenificaban en cuatro minutos una historia que narraba el problema de ser adolescente y estar enamorado de una persona del mismo sexo. El clip mostraba a las dos chicas vestidas con uniformes de escuela y encerradas tras una verja rodeada de un grupo de personas adultas de mirada acusadora. La tensión de la escena culminaba con un apasionado beso. Mientras, la letra de la canción servía, según los críticos musicales más benévolos o ingenuos, para denunciar la injusticia de la situación: «Ellos dicen que es un fallo mío, pero yo la quiero tanto» o, por el mismo precio, para solicitar la comprensión paterna de sus juegos amorosos: «Papi, mírame. ¿Seré libre alguna vez?». MTV y Eurovisión Los frutos de esta táctica de márketing dieron resultado e incluso recibieron un premio de la cadena MTV por uno de sus vídeos. Rusia también contempló la posibilidad de ganar el concurso de Eurovisión del año pasado con las t.A.T.u. como abanderadas. Sin embargo, a Lena y Yulia parecía habérseles subido la fama a la cabeza (por no hablar de las consecuencias psicológicas de estar mintiendo todo el día) y durante el certamen organizado en Riga (Letonia) no se comportaron como dos cantantes concienciadas sino como dos niñas malcriadas. Así, durante la rueda de prensa previa al concurso, no levantaron la cabeza de la mesa y se pasaron el tiempo cuchicheando entre ellas en lugar de atender a los periodistas. Eso sí, lo poco que dijeron estuvo dirigido a afianzar su polémica imagen: «En el hotel compartimos una cama muy pequeña donde practicamos el sexo». Ahora, ocho meses después, Lena dice que aquello no era más que una pose artística, que tienen novio y que se disolverán en primavera porque «ya no es divertido jugar a lesbianas». Traducido: el montaje ya no daba dinero.