El pasado de Marcel empieza en A Faba, la penúltima aldea leonesa del Camino antes de llegar a Galicia. Marcel, o Marcelino, es alemán pero no quiere decir de dónde. «Soy de A Faba -responde - que es ya una parte de Alemania». Marcel Asegura que se enganchó a la ruta jacobea en el año 2000, después de vivir tres meses en Rabanal instalado en una jaima. Inició su marcha hacia Santiago «buscando un sitio» y encontró aquí una casa que le estaba esperando. Todos los que llegan a O Cebreiro desde Roncesvalles conocen a Marcel. Su hogar, una casa de piedra con un improvisado techo de plástico, se levanta a los pies del Camino como una aparición. «Quiero construir aquí un templo para masajes y meditación, un lugar en el que cultivar el cuerpo y el espíritu», dice orgulloso. Pero aún le quedan muchos ladrillos que poner y muchas piedras que mover en esta casona, que en tiempos fue propiedad de un cura, como casi todo antes de la desamortización. Su templo-hogar, apodado el rincón de Rosalina, «una terapeuta de cuatro patas» que es su yegua, cambia cada día como el escenario de un teatro. De momento, a falta del templo, Marcel ofrece tés a los peregrinos a cambio sólo de la voluntad. Infusiones Las infusiones se elaboran con los líquenes que crecen en los robles y en los castaños, con ortiga, hortelena, tomillo o menta. Todo sirve para hacer una infusión. Además, da a cualquiera que se lo pida platos vegetarianos confeccionados con los productos de su propio huerto. Pero la mayoría de los que pasan se conforman sólo con el té. Marcel dice que a veces habla como una cascada, pero ayer le frío le había secado las palabras. Sólo hizo una confesión: «Soy vegetariano, pero no un fanático. Como de todo si hace falta, y si hay que probar el jamón también se prueba».