SE HA INSTALADO en el parecer colectivo que estos comicios de marzo que se nos vienen encima son un asunto de gallegos. En la puja electoral se va a dirimir si uno de los nuestros gobernará sobre la España democrática por vez primera desde que otro, caudillo y de Ferrol, hiciera y deshiciera a su antojo durante medio siglo. En el paréntesis entre éste y Mariano Rajoy -con permiso de Zapatero- se ha colado, sin buscarlo ni desearlo, Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo, quien en el tránsito hacia los ochenta años reivindica sus orígenes gallegos al echar cuentas con el pasado. A la postre, uno pertenece adonde pertenecen sus recuerdos. Los del ex presidente son de Ribadeo. Antesala de sus memorias, el presidente del Gobierno entre 1981 y 1982, y ahora marqués de la Ría de Ribadeo -título del que disfruta desde hace dos años-, pasea por sus recuerdos a través de las Pláticas de Familia (La esfera de los libros, S.L., 2003). El libro tiene una unívoca conclusión: Leopoldo Calvo Sotelo y Bustelo es gallego, a pesar de nacer en Madrid en 1926. Tres de sus cuatro abuelos y abuelas eran de aquí, y el otro, casi. Su pubertad se agitó con las chicas de la Sección Femenina de la Falange que se cambiaban de ropa en la playa de As Catedrais con el «pudor anestesiado... y sin tomar actitudes protectivas o defensivas». Su vena política la heredó de su abuelo materno Ramón Bustelo, cacique liberal con escaño en las Cortes del Reino entre 1901 y 1923 por Ribadeo y Lugo. Y hubo de ser otro gallego el primero de sus antepasados que logró notoriedad pública. Adolfo Vázquez, un «bala perdida», resumía siempre su hermana Rosario Vázquez Gómez, abuela materna de Calvo Sotelo. Los hermanos Vázquez procedían de una familia de campesinos de Guntín (Lugo), a los «que se les consideraba acomodados porque tenían cinco vacas en vez de dos». El bala perdida fue un gallego de extraordinaria precocidad, al que su masonería y sus tesis revolucionarias, anticlericales y federalistas lo llevaron al destierro, por orden del arzobispo, antes de finalizar sus estudios en Santiago. Alfonso Vázquez emigró a Montevideo, ciudad que convertiría en base de sus correrías masónicas por América del Sur en condición de fundador de la primera logia uruguaya. Si bien el ex presidente tuvo que indagar en los archivos para saber de su primer notorio antepasado, para recuperar sus pláticas de familia con el diputado Ramón Bustelo sólo necesitó acudir a la memoria. «Opinión política» Fue en la Casa de Abajo de su abuelo paterno donde, con diez años, tuvo noticia del alzamiento. El alcalde republicano de la villa de Ribadeo golpeó el aldabón de la casa en la madrugada del 20 de julio del 36. «Don Ramón, usted perdone la hora y la misión que nos trae: hemos recibido órdenes de requisar su automóvil». Para entonces, el ex presidente ya era huérfano de padre. Leopoldo Calvo Sotelo, hijo de un magistrado palentino y de una ribadense, nacido en Tui y autor de la novela Ribanova, que versaba sobre la vida en la villa fronteriza con Asturias, había muerto tres años atrás. Más reciente era la muerte de su tío José Calvo Sotelo -dirigente monárquico asesinado en Madrid en las vísperas de la Guerra Civil-. Habría de ser entonces, al pasar por el Cantón de Ribadeo, cuando escuchara «la primera opinión política» de la que guarda memoria: «'Mataron a Calvo Sotelo. Fixeron ben'... La persona que nos acompañaba apretó el paso y echamos a correr». Las Pláticas de Familia reivindican la galleguidad del primer presidente autóctono del Gobierno español, aunque de su gestión con Galicia sólo se guarde memoria de la aprobación de la construcción del puente de Os Santos, que rompió la frontera con Asturias de la Ría de Ribadeo.