El Principito

La Voz

GALICIA

XOÁN A. SOLER

22 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

HEREDÓ de su familia el patrimonio más sólido o el único que la clase media puede dejar a sus hijos, la formación. Medio siglo después de que iniciara una carrera universitaria comparable a la de pocos y que desembocaría en la política, este fin de semana lega al nacionalismo gallego un patrimonio de 346.423 votantes. Allá van sesenta y siete años desde que naciera en una familia de clase media de Santiago. A pesar del tiempo transcurrido, los rizos de Xosé Manuel Beiras continúan manteniendo parecido con los que Saint-Exupéry le dibujó a El Principito cuando se lo encontró en el desierto. Irremediablemente, el Bloque ya no será el mismo sin esos rizos de le petit prince que brillaron sobre el nacionalismo gallego del último cuarto de siglo. Beiras comenzó a irse la noche electoral de octubre de 2001. La carrera ascendente emprendida en 1985 se había quebrado. El BNG perdió un diputado y la UPG -partido mayoritario- encontró el motivo que necesitaba para relevarlo. Él nunca dominó el aparato de la formación de la que era cabeza de cartel, porque siempre fue mejor intelectual que político. Porque creyó en exceso en su razón, también fue el único candidato a presidir Galicia al que no se le conoce asistencia a una fiesta de exaltación gastronómica. A cualquiera, la que sea, acuden esos votantes que dan y quitan mayorías parlamentarias, aunque no sean jóvenes universitarios o residentes ilustrados de las áreas urbanas. Comenzó a irse cuando su antagonista, Fraga, lograba la cuarta mayoría natural. Fue entonces cuando ambos, cansados ya de encarnar el bien y el mal durante doce años, descubrieron que podían almorzar juntos sin morderse. Aquello duró poco; el diálogo naufragó con el Prestige. Abdicó al mismo ritmo lento con el que lo iban empujando desde que en su partido fueron más los que quisieron ver en Beiras el techo electoral del Bloque, en vez de al candidato que los llevaría en volandas a la Xunta. Esta tarde, el BNG tendrá otro candidato, pero habrá dicho adiós al príncipe del nacionalismo. Un excelente intelectual y un político imperfecto que a nadie resultó indiferente.