La diáspora busca sus raíces

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO

GALICIA

SANDRA ALONSO

Reportaje | Los archivos de la Iglesia guardan datos valiosísimos sobre los antepasados La Oficina de Atención al Emigrante de Santiago atendió en los diez primeros meses de este año más de 1.300 peticiones para localizar a familiares nacidos en España

15 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

?uscan a la familia perdida. Olvidada por miles de kilómetros de agua. Oyeron historias de abuelos o bisabuelos gallegos que hicieron las maletas para hacer las Américas. Y escucharon cuentos de aldeas, ermitas, parroquias o cruceiros de piedra. Necesitan una segunda oportunidad en Galicia y se aferran a sus antepasados gallegos como a un clavo ardiendo. Desde el año 1996, la Oficina de Atención al Emigrante ayuda a éstos a localizar a sus familiares gallegos, para facilitarles los trámites que les lleven a conseguir la nacionalidad española. Pero como asegura su director, Elisardo Temperán, las peticiones se han multiplicado en los últimos años. Las crisis económicas de países como Argentina o Uruguay han disparado su retorno, y los que trabajan en este archivo apuran entre legajos y libros parroquiales para localizar certificados de nacimiento. Desde el siglo XVI El funcionamiento de este archivo, y el porqué de que los emigrantes acudan a él es sencillo. Los registros civiles comenzaron a funcionar aproximadamente en el año 1875, por lo que cualquier descendiente de gallego en la diáspora que quiera demostrar la nacionalidad de su abuelo o bisabuelo debe acudir a los archivos de la Iglesia. Y es que algunas parroquias guardan datos de los nacimientos, defunciones y matrimonios de sus vecinos desde el año 1500. Lo más habitual es que se recojan desde el 1650, como término medio. Muchos de estos libros parroquiales están ya en el archivo. En concreto, aproximadamente los de más de seiscientas parroquias de Santiago y alrededores, aunque su objetivo es conseguir el cien por cien de los libros históricos -los actuales tienen que permanecer en la parroquia-. Desde estas oficinas se gestiona la petición de los emigrantes en cualquier parte de España, ya que los propios trabajadores se encargan de ponerse en contacto con cualquier parroquia del país de la que no guarden las actas. El trabajo depende mucho de los datos, y de la fortuna. Si el emigrante da el nombre concreto de la parroquia en la que nació su abuelo, su nombre, una fecha aproximada, y además tiene la suerte de que el libro esté guardado en el archivo, la petición puede resolverse en media hora. Si sólo se recuerda vagamente un lugar, la búsqueda se complica o simplemente puede resultar infructuosa. «A veces recuerdan el nombre de una capilla, y recurrimos a Internet, al nomenclátor de la Xunta... Utilizamos todas las herramientas posibles», recuerda Elisardo Temperán. Cuando se localiza la partida bautismal se emite un certificado que demuestra que en el libro existe la inscripción de ese antepasado. Se transcribe literalmente, con faltas de ortografía incluso, si las tiene. El notario del Arzobispado le da validez y, a partir de ahí, los miembros del archivo se desvinculan, ya que suele tratarse de personas que buscan un trabajo en España, y desde el Arzobispado poco pueden hacer. Santiago no es el único archivo que busca estos antepasados. La semana pasada, el Obispado de Ourense y la Diputación firmaron un convenio de colaboración por el que el primero de ellos realizará también estos trabajos para los emigrantes que así lo soliciten.