Volar por el precio de un café

La Voz

GALICIA

Europa a voltas | Conexiones aéreas Galicia vive ajena al fenómeno de las compañías aéreas de bajo coste, que a escala europea se revelan como instrumentos eficaces para borrar las fronteras y vertebrar el territorio

08 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Un alemán, con su toalla y su flotador de patito, puede subirse a un avión en Colonia y bañarse en una playa de Málaga por el precio de tomarse unas jarras de cerveza. Por lo que cuesta encargar una pizza a domicilio es posible salir volando de Escocia e intentar comerla en un restaurante de Venecia. Un coste similar tiene escaparse de Murcia para revolver en las rebajas de Londres, o fugarse de Palma para conocer el barrio rojo de Ámsterdam. En la Unión Europea (UE) tiende a pensarse muchas veces que los ejes que realmente vertebran el territorio y «construyen Europa» son esos por los que discurren los trenes rapidísimos y las autopistas, lo que explica que se haya puesto tanto empeño en obras faraónicas como el túnel del canal de la Mancha o el puente que une Dinamarca con Suecia. Pero esto es solamente una verdad a medias, pues las conexiones aéreas son capaces de borrar más rápido las fronteras interiores, haciéndolo, además, de una forma mucho más barata. Basta con echarle un vistazo al fenómeno de las aerolíneas de bajo coste, que causan furor en todo el continente, para saber de lo que hablamos. Por precios que muchas veces rondan los 20 euros, compañías como la irlandesa Ryanair, la británica Easy Jet o la alemana Germanwings son capaces de unir ciudades de países diferentes y de mover cada año a decenas de millones de pasajeros. La última operadora, para celebrar su primer aniversario, incluso llegó a vender miles de billetes a un euro, lo que cuesta un café. En toda Europa hay grupos empresariales, gobiernos regionales o consorcios turísticos dispuestos a extender un cheque en blanco con tal de que alguna de estas compañías opere en el aeropuerto que más les interesa, porque son conscientes de que se juegan su propia existencia en la gran Europa de los Veinticinco. Y Galicia, si quiere pintar algo en el vasto club comunitario, no puede permanecer durante mucho más tiempo ajena a un fenómeno que le ayudaría a desafiar su condición periférica y a consolidarse como destino turístico a nivel europeo. La receta de estas compañías es bien sencilla. Operan en aeropuertos de segunda fila (Pisa, Charleroi, Murcia, Faro...), no disponen de oficinas y se ahorran las comisiones de las agencias de viajes, pues venden sus billetes por Internet. Además, no prestan servicios a bordo sin cobrarlos y trabajan siempre con el gancho de las ofertas. Sólo así es posible que realizar un viaje en avión salga más barato que montarse en un taxi para ir al aeropuerto. Es posible ilustrar con múltiples ejemplos las repercusiones que pueden tener sobre el terreno estas aerolíneas. Sin ir más lejos, el aeropuerto de Gerona, donde este año empezó a operar Ryanair, pasó de mover 557.000 personas en el 2002 -un tráfico similar al que registra el aeródromo de A Coruña- a barajar unas previsiones de 1,4 millones de pasajeros para finales de año, lo que supondría uno de los crecimientos más espectaculares registrados en España y, quizás, algo a tener muy en cuenta por los ideólogos de la industria turística del Xacobeo.