Crónica | Las consecuencias de los desastres forestales Un vecino de Friol, juzgado ayer en Lugo por quemar cuatro hectáreas de un monte después de encender un fuego sin permiso, replantó los más de dos mil pinos arrasados por las llamas e, incluso, llegó a sustituir los árboles que se iban secando
29 sep 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Manuel Ceide Piñeiro, un vecino de 71 años de Cotá, en el municipio lucense de Friol, no es ningún pirómano. Un día del mes de febrero de este mismo año cometió la imprudencia de hacer una fogata para quemar unos rastrojos y, «como o demo é tendeiro», tal como dicen en su aldea, las llamas se descontrolaron y acabaron arrasando una extensión de cuatro hectáreas. Por este percance tuvo que sentarse ayer en el banquillo de acusados del Juzgado de lo Penal de Lugo. El fiscal lo responsabiliza de un delito de incendio. Considera que debe pagar su descuido con diez meses de prisión y una multa de 3.600 euros. Manuel Ceide se presentó ante la jueza con los deberes hechos. En los últimos meses se dedicó a plantar pinos para resarcir el daño causado. Se desconoce la cantidad exacta pero, según algunos vecinos, plantó más de dos mil ejemplares. No contento con este trabajo, incluso fue puerta por puerta para pedir a los vecinos que le avisasen si alguno de los pinos tocados por el fuego se secaba y reponerlo de inmediato. Además, el acusado pagó a la Xunta los gastos de extinción del incendio, que ascendían a una cifra cercana a los 100 euros. El abogado de Manuel Ceide cree que la pena que solicita el fiscal es demasiado elevada, ya que sostiene que su cliente no es autor de una imprudencia grave, tal y como entiende el representante del Ministerio Público. El letrado asegura que febrero no es un mes de alto riesgo para el fuego y que resultaba prácticamente impensable que las llamas atravesasen un pequeño regato que hay al lado de la finca de Manuel. El fiscal resaltó que el acusado carecía de autorización y no tomó precauciones, ya que se fue del lugar sin haber apagado convenientemente los restos de fuego. Ni tan siquiera tenía medios adecuados en el lugar para hacer frente a imprevistos. El incendio consumió cuatro plantaciones de pinos de entre dos y tres años. En una de ellas estaban plantados 900 y en otra, 400. En las demás no fue cuantificado el número de árboles.